Diario de León

OPINIÓN Ordoño Llamas Gil

Incongruencias de la pesca

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León

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AGUAS sucias o embarradas. Hubo un tiempo en que estaba prohibido pescar con las aguas turbias, criterio que se dejaba a la arbitrariedad de ciertos agentes de la autoridad o guardas de pesca. Una anécdota: Había en otro tiempo un guardia civil en Matallana de Torío que se presentaba en la estación de Feve a la llegada del tren, y a los pescadores que se bajaban del mismo les indicaba que volvieran a subir, puesto que no se podía pescar por venir las aguas turbias. Esta circunstancia fue motivo de muchas denuncias. En la actualidad no existe prohibición al respecto. Ahora siempre están sucias (contaminadas), aunque no lo parezcan. La polémica ninfa. Su utilización es relativamente actual. Constaba de un aparejo de varios anzuelos de ninfa, a cuyo extremo iba atado un gran plomo recubierto por un tubo de plástico, para que fuera arrastrándose por el fondo en las aguas movidas o posase sobre él en las aguas paradas, manteniendo entre dos aguas a las ninfas. Pues bien, como resultó efectivo fue prohibido de inmediato, con la disculpa de que su plomada era tan ruidosa al caer como una piedra, y molestaba a los pescadores. Para suplirla, en el retén de Tapia reaccionó la picaresca usando aparejos de mosca ahogada rematados por una boya grande llena de sal, para que se hundiera; también se prohibió enseguida. Nunca ha quedado claro si lo que se prohibe es la ninfa o la plomada de arrastre o su efectividad, aunque mas bien parece esto último porque la ninfa sigue utilizándose por los pescadores de mosca seca, con el cuerpo plomeado o plomada aneja, con muy buenos resultados y nadie la ha repudiado. El pez vivo o muerto. En nuestra provincia no está demostrado que el pez vivo tenga mas efectividad en los ríos que cualquiera de los demás autorizados, como la lombriz, la gusarapa, la cucharilla y las moscas, sobre todo la seca, puesto que, en primer lugar, no se utiliza; sólamente se ha usado en los pantanos, donde puede ser equiparable a otros cebos, pero nunca muy superior, pues también puedes pasarte el día sin sentir ninguna picada (hablamos de las truchas). Hay, sin embargo, una especialidad en la que sí suele dar buenos resultados, como la pesca del lucio, pero tampoco se puede utilizar, a pesar de que este pez está destinado a padecer todos los años una masiva campaña de exterminación con el sistema de pesca eléctrica (con lo que ello supone de perjudicial para las demás especies que cohabitan con ellos, que también desaparecen), para luego regalarlo o... enterrarlo. ¡Mejor esto que dejarlo pescar con pez vivo! En otras comunidades autónomas creo que está autorizado. Las huevas de salmón. Se trata de la eterna pantomima: se prohibe su uso pero no se prohibe su venta. ¿Tiene esto alguna explicación plausible, cuando no se utilizan mas que para pescar? ¿Hay alguien que las compre en las armerías para comerlas? La discriminación de cebos en los campeonatos: Desde su comienzo se vinieron efectuando estas competiciones con los cebos autorizados y utilizados en el río. Cuando llegó el momento de la preponderancia de los cebos artificiales de mosca, ahogada y seca, se eliminaron de los campeonatos los cebos naturales. Después le tocó el turno a la cucharilla, a la que se le quitaron dos anzuelos, quedando sólo con uno. A continuación quedó eliminada de muchas competiciones. Desde mi punto de vista deberían admitirse todos los cebos en conjunto o todos separados, pero todos con un solo anzuelo y que este anzuelo estuviera fabricado sin arpón, ya que ahora está estipulado que han de devolverse al río vivas . No comprendo el porqué han de emplearse aparejos con varios anzuelos y otros sólo con uno. La pesca sin muerte, anzuelos sin arpón. Como en el anterior apartado y debido a la proliferación de tramos o días sin muerte, debería ser obligatorio utilizar en estos lugares sólamente un anzuelo, y fabricado sin arpón. La extracción de truchas de las zonas libres. ¿Por qué se extraen truchas de estas zonas para repoblar algunos cotos o vedados, viajes fantásticos, cría artificial u otros menesteres menos confesables? En tiempos en que andaba Dios por el mundo, la diferencia entre libre y acotado era la del número de pescadores sólamente, lo que equivalía a estar amontonados o a tener espacios amplios, tranquilos y solitarios, con toda la pesca esperándote. No era necesario desnudar a un santo para vestir a otro. El lucio como chivo expiatorio. Primero se introdujo; depués se le demonizó; luego se vaticinó que subiría seis kms. anuales por los ríos trucheros y se comería todas las truchas, etc. etc.. Poco de ello fue cierto. Llegó a una altura de la que no pasó y, desde luego, no se comió las truchas de las zonas altas. Desde ese límite hacia arriba ¿qué pasó con las truchas, que desaparecieron solas o se las llevaron los lucios de dos patas, eléctricos o no? Las zonas trucheras ficticias. Años ha que las zonas trucheras fueron mermando al compás que desaparecieron de muchos lugares las truchas, pero se sigue manteniendo la apariencia ante la galería (quizá por vergüenza de haber fracasado en su conservación). Las aperturas de la veda. Obedecen a la ley del movimiento continuo, pero irregular, que hace que los aficionados vayan a otras Comunidades o se amontonen en ciertas zonas. Los cierres condicionados sin muerte son aún más deconcertantes para los pescadores clásicos, y motivo de picaresca para muchos aprovechados. Los tamaños y los cupos. Han sido, durante su historia, lo mas parecido a las gomas, que se estiran y encogen a comodidad, según sea el objeto u objetivo al que se han de acomodar. Pierden, no obstante, su elasticidad con el tiempo, llegando a resecarse y a pudrirse; luego se rompen nada mas tocarlas. Los vadeadores y los «patos». Al mismo tiempo que se han ido prohibiendo procedimientos y cebos, para mejor conservación de las truchas, se han autorizado calzados cada vez mas degradadores, con los que se puede llegar a los lugares mas recónditos y pisotear casi todo el río, resultando contraproducentes para la conservación. Es el caso de los vadeadores y de los nuevos flotadores o patos, el colmo de la incongruencia conservante. Aguas contaminadas y envenenadas. Existen algunas leyes, pero no agentes de la autoridad suficientes como para detectar y sancionar a los muchos infractores, que se diluyen en la niebla de las empresas u organismos inatacables o indefinidos, o que cumplen con multas irrisorias la mayoría de los crímenes ecológicos. El destino que nos espera es cada día peor.

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