COPA DEL REY
El orden defensivo no pudo frenar la velocidad atlética para pensar

Movilla, a la izquierda, fue uno de los jugadores más destacados
En los primeros cuarenta y cinco minutos, la Cultural creo la falsa impresión de que podía ganar el partido, amparada en su disciplina a la hora de presionar y en el componente emotivo. Pero esta sensación de equipo bien plantado, obediente en sus tareas defensivas, concentrado hasta la saciedad, enmascaraba la incapacidad para tomar responsabilidades a la hora de crear las oportunidades de peligro. Cada jugador culturalista respondió de forma solidaria y mancomunada, generoso en el esfuerzo, pero ninguno, salvo Rubén Vega en algún ramalazo, se extralimitó en sus funciones creativas, confiados en que el gol llegaría en algún despiste contrario. La paciencia y el orden, esas eran las consignas. Por ello, aunque lo pareciera, nunca los leoneses fueron superiores al Atlético de Madrid, sólo más ansiosos. La realidad es que los rojiblancos son un equipo de Primera y la Cultural está dos peldaños por debajo. Se notó en la manera de tratar el encuentro y en la forma de ejecutarlo. Y sobre todo en la velocidad con la que el equipo colchonero piensa en los últimos veinte metros del terreno de juego, allí donde se deciden verdaderamente los partidos. Una décima de segundo en esta parcela traza la distancia entre el ganador y el perdedor. Así pasó ayer, aunque el marcador se abierta con una jugada a balón parado, porque si Javi Moreno se hubiera acordado de cuando censaba domicilio en Vitoria, antes de los fastos milaneses, lo del Nuevo Estadio hubiera sido una feria.