Balonmano | Mundial masculino
Los secretos del Mundial de balonmano revelados por un leonés
Escasa cobertura mediática, poco público y una España con futuro gracias a los jóvenes
La asistencia de público a esta segunda fase del Mundial ha sido bastante baja, en general. r. c.
El mundial de balonmano de 2025 quedará marcado como la peor clasificación de la historia de España en las 23 ediciones en las que ha participado en su fase final, pero también por la decepción que supone que un país como Noruega, donde parece desde lejos que vive por y para el balonmano, tanto a nivel masculino como femenino, no haya conseguido atraer a los aficionados al Unity Arena desde el primer día a excepción, contradictoriamente, del último partido donde ya no se jugaba «nada», aunque afirmar esto tratándose de un derbi escandinavo es mucho decir.
Tan sólo el tiro de cámara mostraba cierta asistencia mientras el anillo superior y el lateral que no se veía estaban prácticamente desiertos. Por cierto, en esta última zona era imposible comprar entradas, supongo que reservado para unos compromisos de la organización que nunca llegaron. Y resulta aún más preocupante si tenemos en cuenta que el Europeo 2025 volverá a celebrarse en Noruega, Dinamarca y Suecia, algo difícil de entender si no primara lo económico.
Trato de buscar una explicación en una ciudad donde es imposible encontrar propaganda que indique que está albergando un mundial y una instalación, aislada a más de 10 kilómetros del centro, que es un campo de fútbol readaptado para otros usos que precisan menos espacio, con una auténtica telaraña de andamios que construyen una nueva gradería dentro del mismo y que lo convierten en un laberinto muy distinto a un típico pabellón construido directamente para deportes de sala. Sigo sumando la práctica inexistencia de merchandising del propio evento o pensar en cuando lleguen los alemanes y vean que solo pueden beber cerveza dentro de una minúscula zona vallada y con seguridad donde se agolpan cientos de personas. Y todo ello me parece poco argumento para las pobres entradas que, supongo, serán corregidas con la invasión de daneses o alemanes en la siguiente fase.
Hay dos aspectos externos a la organización que me gustaría comentar. Por un lado me ha llamado la atención el papel que desempeña David Barrufet en el staff federativo, muy pendiente de las ruedas de prensa y de la atención a los medios de los jugadores españoles, a veces incluso apremiando a los jugadores a terminar en un momento en el que este deporte, en nuestro país, necesita mayor visibilidad. Porque si el balonmano, entre otros, tiene la escasa repercusión que tiene en España, es en gran parte al abandono de los medios hasta que consigues el éxito. Da cierta pena ver cómo tan solo periodistas con mucha experiencia como Luis Malvar o Víctor García Pillo, canal público como RNE o el federativo al margen, siguen en directo todo un mundial y ello demuestra que, por mucho que la Asobal intente prosperar, será muy difícil sin el apoyo de una comunicación potente. Y es que, como bien dice Beatriz Equisoain, periodista navarra, el balonmano es más y mejor tratado en los medios locales que en los generales, aunque a veces no exista la misma reciprocidad.
Zona mixta para los medios de comunicación.
Y la segunda situación que me ha llamado la atención es la sintonía de Paco Blázquez con el señor Uribes, presidente del CSD. Quizás es la habitual con todas las federaciones, pero en estos tiempos en los que es juez habitual de la lucha entre Federación y Asobal no estaría de más marcar una distancia para garantía de equidad.
Pero hablemos también del papel deportivo de la España de Jordi Ribera. Un equipo que acudió a la cita mundialista con gran parte de la selección que fue bronce en los Juegos de París 2024 y mermado luego por las lesiones de Álex y Kauldi en el extremo derecho, a mi juicio muy importantes en el desarrollo posterior del torneo. El objetivo principal marcado, condicionado por el sorteo, era llegar primeros de grupo de la Main Round para evitar a Dinamarca en cuartos o, al menos, ser segundos de esa fase y luego ver cómo se afrontaba ese posible cruce. Y la verdad es que, después de la primera fase y el empate ante Suecia, existía el convencimiento de que estaba próximo a cumplirse, pero la segunda parte del partido de Noruega supuso un punto de inflexión en el campeonato del que mentalmente el equipo no supo sobreponerse cada vez que se torcían las cosas y terminó cayendo en los tres partidos en un ejercicio de impotencia como no se recuerda a los Hispanos. España sufrió un bajón físico de sus jugadores importantes frente al ataque 7 contra 6 noruego y ofensivamente, y buena muestra de que eso fue la tumba de las aspiraciones hispanas es que Jordi en sus ruedas de prensa de Portugal y Brasil pidió que los descansos fueron iguales para todos los equipos. No se caracteriza el entrenador español por buscar excusas y la repetida queja indica que ha dolido en el seno de España.
El ademarista Carlos Álvarez, durante uno de los partidos con España.
Cierto es que se han ido jugadores básicos en los éxitos de años anteriores que empiezan a ser sustituidos con jóvenes de gran calidad que vienen empujando, pero Jordi decidió que el momento importante de estos últimos está aún por llegar y puso toda su confianza ante Noruega y Portugal, donde se lo jugaba todo, en los más veteranos que creo que no le han respondido en la medida que él pensaba. Y se ha visto a un míster muy dolido por las derrotas, quizás más abatido que nunca y que, haciendo autocrítica, sabe que tiene que darle una vuelta al futuro de este grupo.
Cabe aquí un paréntesis para valorar la actuación desempeñada por nuestro Carlos Álvarez. Llegado a última hora de urgencia para suplir la baja de Kauldi, ha cumplido el papel que Jordi ha dado mayoritariamente a los más jóvenes: minutos en los partidos menos trascendentes y muy pocas oportunidades a la hora de la verdad. Aquí yo he echado en falta que tuviera el rol de salida rápida del balón tras gol en contra que Álex o Kauldi bordan en la selección y él cumple en el Ademar a la perfección. Por ahí perdieron los Hispanos un arma de ataque tradicional que les ha penalizado. Seguro que no fue su debut soñado, pero es joven y tendrá más oportunidades de volver, aunque no olvidemos que es un puesto con mucha competencia. Su salida a Portugal es un paso adelante más en su carrera y siempre se dice que jugar contra los mejores te hace crecer más, así que en la Champions encontrará el caldo de cultivo que probablemente necesita para intentar convertirse en un imprescindible en la selección. Mientras tanto, Ademar ya lleva tiempo manos a la obra tanteando muchas opciones para traer su sustituto.
El balonmano es un deporte que tiene muchos seguidores solo cuando hay un evento importante y, cuando las cosas no salen bien, rápidamente se lanzan a buscar cabezas que rueden. No podemos obviar que el equipo no ha estado bien, donde debemos incluir a Jordi, y que desde la crítica constructiva también se puede cambiar y volver a crecer.
Carlos Álvarez, uno de los jóvenes con futuro prometedor en la selección española.