Desire González, árbitra leonesa: «Me duele más cuando me insulta una mujer»

La leonesa Desire González Fernández lleva en el mundo del arbitraje desde los quince años.XOEL GIL

León

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El balonmano ha marcado su vida desde que era una cría. Jugó en San Claudio y después en el Padre Isla, pero con apenas quince años, Desire González Fernández (León, 1995) se pasó al ‘otro lado’ cambiando la pelota por un silbato. Media vida dedicada al arbitraje que le ha llevado a ser internacional. Y lo que le queda. Sueña con arbitrar en unos Juegos Olímpicos. También critica, sin pelos en la lengua, las faltas de respeto que sufre en muchos partidos por parte de jugadores, entrenadores y desde la grada. «Me duele más cuando me insulta una mujer».

—¿Qué fue lo que te atrajo del arbitraje?

—Que era una forma diferente de ver el deporte. Recuerdo que vinieron de la federación de árbitros a darnos una charla a clase y me pareció interesante.

—Y ahora ya eres internacional.

—Sí, en balonmano en silla de ruedas. Ahora ya no arbitro balonmano de pista desde hace dos años, solo silla de ruedas y playa.

—¿Por qué dejaste el arbitraje en balonmano de pista?

—Por decisiones políticas de la Federación de Castilla y León que no me sentaron muy bien.

—Supongo que el tipo de arbitraje cambia mucho entre pista, playa y silla de ruedas…

—Sí, porque en playa por ejemplo no puedes botar el balón, hay goles espectaculares, menos jugadores. Es más dinámico. Y en silla de ruedas también es diferente.

—¿Arbitras por toda España?

—Sí, pero en silla de ruedas lo están haciendo a través de concentraciones porque no hay presupuesto para jugar todas las semanas.

—A pesar de que en León sigue siendo un referente, el balonmano no atraviesa su mejor momento de popularidad. ¿Cómo lo venderías tú?

—Es atractivo y dinámico, no es tan aburrido como el fútbol que pasan menos cosas. Por norma general propicia más el ambiente deportivo.

—Hace solo unos días que fallecía el hombre agredido por un padre en un partido de cadetes de balonmano.

—Sí, me parece deleznable. Que en un partido de niñas de trece y catorce años un padre se ponga como un energúmeno a insultar a los árbitros, entrenadores y a las propias jugadoras es vergonzoso. Un equipo que, por cierto, ya ha tenido varias denuncias por culpa de este padre. Pero que te vaya a ver tu abuelo a un partido, vea cómo un padre te insulta y encima te agreda y mueras no tiene sentido.

—¿Alguna vez te has visto en una situación parecida arbitrando?

—Un montón de veces y más por el hecho de ser mujer. Siempre he tenido parejas arbitrales que eran chicos y hay diferencia de trato. Yo, arbitrase bien o mal, las quejas iban siempre hacia mí, tanto de la grada como de los entrenadores. Me consideraban siempre la más débil.

—Ahora con 29 años entiendo que esos momentos los relativizas más, pero ¿cómo lo gestionabas cuando empezaste a arbitrar con apenas 15 años?

—Cuando era más pequeña peor. Lo que más me molesta es que me insulten las mujeres. Me han mandado a fregar o a decirme directamente que a quién me estoy tirando de los del equipo para que estén ganando. Te hablo de cuando era adolescente.

—¿Y cómo lo sobrellevas?

—Mis lloreras me he cogido y más de una vez pensar en dejarlo, pero no merece la pena porque son una minoría.

—¿Qué es lo más grave que te ha ocurrido durante un partido?

—Tener que llamar a la policía para que me saquen escoltada del pabellón porque los padres me estaban esperando a la puerta. Una vez en un partido de benjamines aquí en León tuve que llamar a mi tío para que viniese a buscarme porque los padres no me dejaban salir del vestuario. Hablo de padres de niños de seis años. Eso me ocurrió con 16 años.

—Parece que la degradación se está extendiendo del fútbol a otros deportes.

—La gente lo ve en la televisión y lo normaliza.

—¿Te pasa también con los jugadores?

—Sí, también te faltan al respeto. Ten en cuenta que están compitiendo. Cometo errores, pero nunca he influido en un resultado.

—¿Tiene solución?

—No lo sé. Muchos clubes han hecho jornadas de concienciación con los padres, pero no podemos controlarlo. No se puede controlar que haya asesinos en serie, que haya hombres que matan a sus mujeres y tampoco esto. Se está protegiendo mucho a la mujer deportista y no me parece del todo bien.

—¿Por qué?

—Si hay ayudas para árbitras y no para árbitros en general, eso nos genera problemas con los chicos. Me llegan comentarios de compañeros que me dicen que pito una final por ser mujer. A veces dudas de si lo has logrado tú o te lo regalan.

—¿Te ha pasado con compañeros de arbitraje?

—No, siempre me han apoyado.

—¿Hasta dónde quieres llegar en el mundo del arbitraje?

—Llegar a arbitrar unos Juegos Olímpicos, aunque en silla de ruedas aún no es un deporte olímpico. Están en ello.

—También ejerces de entrenadora en la cantera del Ademar.

—Sí, estoy de segunda en el infantil. Me gusta porque tengo visión de árbitro y puedo aportar cosas diferentes. Lo malo es que desde este lado ves los errores de tus compañeros árbitros.

—¿Y protestas?

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—Sí, pero con respeto. A mí si me vienen con respeto nunca me molesta una protesta.