Días de vino y rosas

Los días de vino y rosas culturalistas han llegado. En realidad nunca se fueron. En el sentido estricto de la expresión, los recuerdos no dan para el día a día. Y aquí estamos, recordando lo que pudo ser y no es en el seno de la Cultural y Deportiva Leonesa.
Todos tenemos en mente los días de victoria en el Reino, con la grada jaleando a jugadores y directiva al final de los partidos. Premios y vítores que reconocían la labor, primero de traer la paz social y segundo los éxitos deportivos que se han conseguido. Y ahí es donde emergía la figura de la actual gerente, si es que así se denomina su cargo.
En la maraña de Aspire es difícil saber qué cargos y qué responsabilidad maneja cada uno. Alguno por ahí, con más o menos conocimiento de la grada del Amilivia, permítanme llamar así al Reino de León, mirábamos hacia delante y nos poníamos en el contexto de hoy en día. No por expertos en fútbol, sino por tener cierto bagaje en el corazón de la afición culturalista. En realidad no somos muy diferentes de otras aficiones. Alegría en la victoria y furia desmedida en la derrota.
Con todo esto sobre el tapete nos vemos hoy, intentado hacer reflexión de lo que vemos en el terreno de juego. Y lo que vemos es nada. La nada más inquietante y más desoladora. Este equipo, desde la cúpula hasta el último jugador trasmiten una sensación de calvario, una palabra que estos días está siendo muy utilizada por causas que no toca aquí analizar, pero muchísimo más tristes que las que aquí tratamos de exponer. El calvario que tenemos por delante, sea la que sea la decisión que tome la actual cúpula, está garantizado.
Cambio de entrenador, cambio de dirección deportiva a mitad de temporada, fichajes en el mercado de invierno, paciencia con el actual proyecto...
Ninguna decisión garantiza el éxito, pero la inacción es dejar a los pies de los caballos a los que se exponen en el césped y en el palco. Ese palco que parecía pequeño hace escasas fechas y que temo que quede desierto en muy pocas jornadas. Ese palco donde se toman las decisiones que a la postre nos han traído hasta aquí, y como decía al principio, los más veteranos en la grada intuimos lo que va a ocurrir. Y digo bien, intuimos.
Nadie posee la verdad absoluta, pero la experiencia nos da esa mirada 'resabiada' de quien ya vivió esto y entiende que en este contexto nada va a salir bien.
Bien haría la actual 'mandamás' de la Cultu en dejar encarrilado el futuro más próximo y dejar que su recuerdo sea el de los días de vino y rosas, y no el del calvario que se avecina.
¡Aúpa Cultu! Siempre.