SEGUNDA DIVISIÓN B
Con un hombre menos, el Avilés agobió a los locales y Álvaro tuvo que evitar la tragedia

El propio Alejandro fue el encargado de ejecutar la pena máxima, aunque en principio parecía que esa misión sería para César que es el encargado habitual de lanzar los penaltis. El delantero blanquiazul engañó bien a David Pérez, que había saltado al campo en lugar de Lobera. El partido se ponía de cara, pero como ya ha sucedido otras veces en El Toralín, la Deportiva se convirtió entonces en un equipo temeroso e incapaz de jugarle a un rival diezmado que ofreció a partir de entonces su mejor cara. Los asturianos llegaron con mucho peligro ante Álvaro, que se convirtió en el mejor de los suyos, lo cual ya es indicativo de lo que estaba ocurriendo. El vasco salvó un gol cantado ante Ángel Luis, con una mano prodigiosa cuando el atacante se había plantando en solitario ante él y luego Parente remata fuera en la acción posterior, cuando lo tenía todo para haber marcado. Pero el drama empezó a cobrar vida cuando en otra rápida acción del Avilés, Marcos se disponía a marcar a placer cuando Villa le empujó en la frontal del área chica. El árbitro también decretó penalti y expulsó al jugador blanquiazul por tratarse de una ocasión manifiesta de gol. La pena máxima la ejecutó Ángel Luis, pero Álvaro adivinó su intención y rechazó el disparo, aunque Armando llegó antes de los defensores locales al rechace y aprovechó para marcar. Desde ahí hasta el final no cesó el sufrimiento. El balón quemaba en las botas de unos agotados jugadores blanquiazules y el técnico no movía el banquillo, para desesperación de la afición que recriminaba tanto la inoperancia del técnico como el juego medroso de sus jugadores. Por fortuna para la Deportiva, el árbitro pitó el final del partido y la victoria se queda en casa, pero la sensación que transmite el equipo deja muchas dudas ante la afición. Simón tiene la dudosa virtud de cabrear siempre a la grada. Él es así.