La Real Sociedad vapulea al Real Madrid y pone emoción a la Liga (4-2)
La Real Sociedad dio una lección al Real Madrid en Anoeta y un golpe a la Liga, colocándose a sólo tres puntos de los blancos y con el «gol-average» particular a su favor a falta de nueve partidos.

Foto de Schauble
El equipo donostiarra, liderado por un magnífico Xabi Alonso, se ha ganado definitivamente el respeto de todos y su derecho a soñar con el título tras su brillante actuación ante un Madrid incapaz. Los donostiarras sentenciaron en una primera parte grandiosa en la que marcó cuatro goles.En la segunda mitad, la Real, además de un gran nivel físico, también deslumbró con pausa, orden e inteligencia, y el Madrid nunca se vio con opciones para dar emoción al choque. La Real anuló en Anoeta a todas las figuras del Madrid y dio un repaso a los blancos, que nunca habían encajado más de dos goles en esta Liga que ahora se ha puesto al rojo vivo, con tres candidatos a la corona. Y la Real, con todo el crédito recuperado, tras demostrar su poderío en un partido clave en la lucha por el campeonato. El partido arrancó de forma inesperada y la locura se instaló en Anoeta en sólo tres minutos, en los que hubo dos goles de la Real, uno del Madrid y un disparo al poste de Zidane que habría supuesto el 4-2. Fueron unos momentos increíbles, sin tregua en los dos áreas, durante los cuales Xabi Alonso marcó un golazo y Zidane quiso responder de inmediato para intentar meter a su equipo en un partido que se le puso cuesta arriba al Madrid casi desde el pitido inicial. El Madrid nunca pudo imponer su toque ni su velocidad ante la presión y el orden donostiarra, que encontró una mina de oro en la banda izquierda en los primeros minutos con De Pedro y con la definición de Kovacevic. El equipo de Del Bosque, con Hierro renqueante, dio enormes facilidades defensivas. Esta vez, la suerte de los campeones estuvo de lado de la Real, que tuvo una tremenda efectividad, y esa fortuna se confirmó con el tempranero gol, el 3-0 marcado por Nihat a trompicones entre Hierro y Helguera, el disparo al palo de Zidane, o los dos cabezazos de Raúl que se marcharon fuera cuando peor lo estaba pasando el Madrid. Pero Raúl sólo apareció en esas dos ocasiones, porque el centro del campo blanco no funcionó, y ante la disposición táctica de los donostiarras y su sentido de la anticipación, el equipo de Del Bosque apenas pudo enlazar una jugada peligrosa en todo el primer tiempo. El Madrid llegó a desquiciarse por momentos ante una Real que cuando decidió atacar sin miramientos resolvió de forma demoledora, y cuando tuvo que tocar y enfriar el encuentro, también respondió a la perfección. Precisamente, ese ritmo pausado resultó decisivo en la segunda parte, en la que la Real mantuvo la paciencia y el equipo, con su toque, y con Xabi Alonso participando en todas las acciones, llegó a arrancar los «olés» de Anoeta. Aparte del gol de Portillo, dos únicas llegadas pudo tener el Madrid en todo ese segundo tiempo (en ambas, Westerveld le ganó la batalla particular a Ronaldo) en el que los donostiarras nunca se pusieron nerviosos y supieron jugar como debían a un rival que andaba y que también tuvo que rendirse al tremendo despliegue físico de los vascos. El control del partido por parte de la Real era absoluto, y el equipo de Denoueix se hartó de robar balones ante un Madrid que estaba maniatado, insistía siempre por el centro y no tuvo ninguna capacidad de reacción. La Real podía estar muy tranquila, porque los blancos nunca dieron la impresión de poder marcar pronto un gol, y los donostiarras estaban muy crecidos, sin perder nunca las posiciones y ayudándose todos para dejar inofensivo al Madrid. Del Bosque, que ya había apostado por Guti para el centro del campo, sorprendió sin embargo al retirar a Zidane y sacar a Portillo, porque ya todo estaba perdido.