PRIMERA DIVISIÓN
Al Valencia le gusta el ritmo andante
El Valencia encontró en el Alavés un bálsamo a la decepción que supuso la eliminación en Liga de Campeones ante el Inter y retomó el pulso de la liga a base de goles, con lo que se mantiene vivo en su lucha por acabar la competi
Helguera se lleva la pelota ante la oposición de Fabio Aurelio
Se jugó sin ritmo y a muy baja velocidad, lo que no impidió que en los primeros instantes del partido los valencianistas dispusieran de dos claras ocasiones de gol. El Valencia mantuvo la iniciativa durante la primera media hora ante un Alavés que se mostró a merced de los locales a pesar de que su planteamiento no fue especialmente defensivo. Cuando Reveillere estrenó a los 31 minutos su casillero particular como goleador del Valencia, al lograr el 1-0, los locales ya habían dispuestos de varias opciones, pero, como otras muchas veces, los errores habían sido constantes. Tras el 1-0, el Alavés despertó y, por lo menos, empezó a jugar en el campo del rival, con aproximaciones cada vez más constantes a su meta y una ocasión clarísima fallada por Pablo (m. 42), al rematar con la derecha, su pierna menos buena, un balón que le quedó suelto ante Cañizares. En los primeros minutos del segundo tiempo, el equipo vasco mejoró en su juego y se adueñó de la pelota. Suya era la iniciativa, hasta que en un ataque del Valencia, una penetración por el centro de Albelda y Angulo, acabó primero en las botas de Ruifete y, a continuación, en el interior de la meta de Dutruel. Era el 2-0 en el minuto 56. Con este gol, el partido se puso para el Valencia, que empezó a encontrar espacios para el contragolpe y que, poco después, sentenció el partido por medio de Pablo Aimar ante un Alavés completamente roto. Por primera vez desde hace seis meses, el Valencia ofrecía tres goles a su afición en partido de liga. El partido tuvo, por tanto, «minutos de la basura», porque el Valencia mantuvo el acelerador a medio gas y el Alavés no mostró capacidad alguna de reacción, más por la diferencia en el marcador, que por la necesidad acuciante de puntos del equipo vitoriano. Y el partido murió tranquilo.