PRIMERA DIVISIÓN
El Madrid disfruta del partido soñado
El Madrid resolvió con solvencia y mínimo desgaste la primera de sus cinco finales en el esprint final por el título de Liga. Encontró en un Málaga blando, inocente y fallón el rival soñado para desquitarse, acallar las críticas
El madridista Flavio, a la izquierda, trata de hacerse con el balón perseguido por Fernando Sanz
Liderado por la magia de Zidane, la visión y toque de Guti -nada que ver como pareja de Flavio con Cambiasso- y el reencuentro de Morientes y Raúl con los goles, el Madrid supo transformar las tensas jornadas precedentes en una placentera tarde dominical. Derrotó 5-1 al Málaga y aún así dejó la sensación de haber desaprovechado una oportunidad pintiparada para firmar la goleada de la Liga. Ni siquiera hubo tiempo para la incertidumbre, para que afición y jugadores merengues pudieran sentirse nerviosos, ansiosos. Un par de internadas de Manu, un interior en alza, valiente y con desborde, formado en la «casa blanca», fue lo único que pudo hacer el Málaga antes de que el Madrid sentenciara en un arranque demoledor. Visto y no visto Fue visto y no visto, ya que a los 18 minutos el equipo de Vicente Del Bosque ya ganaba 3-0. Disipaba así cualquier atisbo de duda sobre su éxito en el regreso a casa tras el golpetazo turinés. Para empezar, el Madrid sorprendió a los de Peiró en un contragolpe, algo extraño en el Santiago Bernabéu y sobre todo en el minuto 3, cuando se supone que la concentración es máxima y los espacios mínimos. Zidane recogió un balón tras error de Gerardo, exhibió su portentosa zancada, vio a Figo, éste a Morientes y el delantero ejerció como tal. Un gran gol, ilustrativo de lo que es capaz de hacer el Madrid cuando el rival le regala metros, no le encima y le invita a exhibirse. Ídem de ídem en los dos siguientes goles del Madrid, rubricados de maravilla por Raúl y Roberto Carlos: el primero con sutileza y el segundo con zurdazo violentísimo. En descargo de las «madres» malacitanas cabe decir que el asistente de Puentes Leira se equivocó al no observar el claro fuera de juego del madrileño en la segunda diana. Poco que contar hasta el descanso, con aparente dominio del Málaga, completamente estéril en lo que se refiere a la fabricación de ocasiones, y relajación madridista. Tampoco tuvo historia el desequilibrado partido en la reanudación, ya que ni el Madrid tenía pinta de querer hacer demasiada sangre ante un rival repleto de ex, ni el Málaga sacó su orgullo. Llegó el cuarto, fruto de otro error andaluz bien aprovechado por Morientes, la honrilla del Málaga obra de Manu, su mejor jugador, y el segundo de Raúl. La discutida zaga local, con Hierro a la cabeza, no volvió a sufrir. Vicente Del Bosque lo vio tan claro que concedió descanso a piezas básicas como Zidane, Figo y Roberto Carlos. Tras la tempestad llega la calma blanca. Espera Mestalla.