Petacchi ya es leyenda viva
La victoria del italiano en Santander le convierte en el tercer ciclista de la historia, junto a Baffi y Poblet, que consigue victorias en las tres grandes vueltas en una misma temporada

Tiene un gesto inconfundible, que parece denotar una cierta chulería, pero no es tal. Es un acto reflejo que significa un dominio de la situación que resulta apabullante. Alessandro Petacchi, el ganador de la tercera etapa de la Vuelta a España en Santander, suele mirar primero hacia la derecha y luego hacia su izquierda cuando ve la línea de meta encima. Ayer lo hizo en Santander, por delante del incombustible Erik Zabel, que no pudo hacer nada ante el dominio del corredor del Fassa Bortolo, que le está salvando, junto a Dario Frigo, la temporada a su equipo. Hablar del corredor nacido en La Spezia es hablar de números. Es la cuarta etapa que gana en la Vuelta a España, la primera de este año, que se une a las seis que ha ganado en el Giro de Italia, todas esta temporada, al igual que las cuatro que consiguió en el Tour de Francia. Lleva en total veinte triunfos. Iguala a su compatriota Pierino Baffi, que en 1958 ganó una etapa en el Giro, tres en el Tour y dos en la Vuelta, y a Miguel Poblet, que en 1956 se impuso en cuatro etapas del Giro, una en el Tour y tres en la Vuelta. Los dos lograron ganar en la misma temporada etapas en las tres grandes. «He cumplido el objetivo con el que vine a la Vuelta a España, que era ganar una etapa. Conseguir triunfos en las tres grandes en la misma temporada es un logro importante. La llegada era muy difícil, complicada. No ha sido nada fácil», comentaba un Alessandro Petacchi que ponía cara de sorpresa al ver como llovía en Santander. «La llegada, con la lluvia, se ha puesto un poco peligrosa, sobre todo los diez kilómetros finales, entre curvas». Destinado a ser ciclista Petacchi, que tiene 29 años de edad, lleva ganando carreras desde el mes de febrero, cuando se impuso en Valencia en el Trofeo Luis Puig. Prácticamente ha logrado vencer a lo largo de ocho meses, algo que no es muy normal en el ciclismo actual, donde los objetivos suelen definirse mucho, en épocas muy concretas de la temporada. «Mi mejor momento de la temporada lo atravesé en el Giro de Italia. En el Tour de Francia no me sentí muy bien y a la Vuelta he llegado después de estar todo el mes de agosto en Holanda, donde no he podido entrenar mucho» comentaba en la sala de prensa. Menos mal que no pudo entrenar mucho, lo que no le impidió ganar dos etapas en la Vuelta a Holanda. Alessandro estaba destinado, desde que era niño, a ser ciclista puesto que su padre, Lucio, era, textualmente, un enfermo de Giuseppe Saronni. A tanto llegó ese fervor que en el mundial de 1982, en Goodwood (Inglaterra), de los botes que dieron mientras veían el triunfo de Giuseppe rompieron el sofá de casa. Su madre no puede ver sus carreras en directo. Su cambio como corredor ciclista llegó cuando fichó por el equipo Scrigno, en profesionales, en 1996: «Cuando corría en aficionados era un corredor bastante loco, que perdía mucha fuerza y mucho tiempo. Cuando llegué al Scrigno se dieron cuenta de que era un corredor rápido». Se ha convertido en el hombre más rápido del mundo. Además de velocidad, tiene regularidad. Ha eclipsado a Mario Cipollini, del que no le gusta hablar mucho, y todavía le queda la duda de si hubiese podido ser campeón del mundo en Zolder (Bégica) de no haber tenido que trabajar para su compatriota. En el Tour dijo que la diferencia entre el Giro y la prueba francesa es que «en Italia, Cipollini tiene ocho corredores que trabajan para él y en el Tour no hay ningún equipo así». En la Vuelta a España, tampoco se dan esas circunstancias. Petacchi comenzó en el deporte con la natación, luego se pasó al atletismo, salto de altura y longitud. Ritmo frenético La etapa, que volvió a tener un ritmo frenético, se rodó a 45,334 kilómetros de media horaria, tuvo cuatro protagonistas durante 101 kilómetros. El cántabro Tino Zaballa (Kelme), Unai Etxebarria (Euskaltel), Angel Vicioso (Once) y Beat Zberg (Rabobank) consiguieron que en la primera hora de carrera se hiciesen 46,4 kilómetros, mientras los equipos con hombres rápidos decidían ponerse a trabajar. En una jornada cómoda, salvo por la lluvia, el único punto negro estuvo en las caídas sufridas por algunos cerca de la meta.