Diario de León

Lituania será el rival de esta noche en la final (20.00)

España exhibe todo su talento frente a Italia en vísperas del asalto al oro

La genialidad y el arrojo que adornan a Juan Carlos Navarro rescataron a España de las garras italianas. El desparpajo del barcelonés, su personalidad, fue lo que propició que la selección

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Paco Rengel - estocolmo
León

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La selección delegó de forma descarada en la fantasía del azulgrana. Éste, prestidigitador del baloncesto, jugó con fuego, pero no se quemó: la selección disputará hoy la final del Eurobasket (20.00 horas) con Lituania, que un rato antes superó a Francia (70-74). La selección absoluta lleva un par de años marcada por la contribución de los juniors de oro, únicos jugadores que han logrado el metal precioso en un Mundial para nuestro baloncesto. Aquellos chicos tenían un líder natural, Juan Carlos Navarro, también conocido como 'La Bomba'. Cuatro años después, Gasol es una estrella en la NBA, la referencia de este equipo, y él ejerce, a veces, de jugador talismán en el Barcelona, oculto por otras grandes figuras. A Navarro le gusta el riesgo. Disfruta cuando a la mayoría la aceleración cardíaca le quita sosiego. No tiene miedo; le sobra descaro, calidad y fantasía. Su baloncesto asume riesgos y, a veces, eso es peligroso. Así, cuando faltaban 18 segundos, con toda España pendiente de él, determinó volver a meterse en la 'cueva' italiana, pero arrolló a un rival y la selección fue sancionada con falta en ataque (81-79). Quedaba un tiro, y la pelota estaba en poder del más peligroso de los atacantes transalpinos, Bulleri. Éste vio que no tenía opción en el triple, que Calderón parecía el número de su camiseta, y se escoró a la derecha, hasta la línea de fondo. Desde allí lanzó un tiro imposible, que tocó el aro y fue a manos del base extremeño: ¡España, a la final!. Antes de esa peligrosa falta en ataque, Navarro encadenó tres acciones consecutivas que fueron determinantes en el triunfo. Con el marcador empatado a 74 a falta de tres minutos, el barcelonista tomó el mando de todas las operaciones ofensivas españolas, se metió entre rivales y consiguió seis puntos seguidos que dejaron entre las cuerdas a los italianos: 80-76. Faltaban un minuto y once segundos, y la selección veía que había puesto en buenas manos su destino de la semifinal. El escolta, que se fue al descanso del partido cabizbajo -sólo dos puntos- consiguió 21 en los dos cuartos postreros. Fue la salvación de la selección. Decepcionante Gasol cuajó su peor actuación desde que empezó el torneo. Marconato, Chiacig y Galanda le hicieron la vida imposible al catalán, que ni siquiera se recompuso tras el largo descanso que le dio Moncho López entre el tercer y el último cuarto. No le llegaba el balón porque la circulación de la pelota era torpe en casi todas las ocasiones, y sólo en una acción al principio pudo llegar con claridad debajo del aro rival. Con este condicionante, España estuvo en manos de una gran Italia, una selección falta de recursos físicos e individuales, pero rica en sacrificio, estrategia y concentración.

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