Kovacevic salva los tres puntos y relaja los ánimos en San Sebastián (1-0)
El Osasuna probó el porqué de su buena clasificación al poner contra las cuerdas a la Real

Cruchaga pelea un balón a Kovacevic en el partido disputado ayer en Anoeta
Un gol de Darko Kovacevic a quince minutos del final propició una justa y trabajada victoria de la Real Sociedad después de tres encuentros seguidos sin lograrlo y, lo que es más importante, que sirve para relajar los ánimos y rebajar la crisis que amenazaba con desestabilizar al conjunto donostiarra y a Raynald Denoueix. El Osasuna, que demostró de inicio que su privilegiada situación en la clasificación no es fruto de la casualidad, encerró a los donostiarras en su campo y llevó peligro a la portería de Westerveld en dos remates de Moha y Bakayoko. El público pareció darse cuenta de lo mucho que se jugaban los donostiarras y con su aliento la Real comenzó a estirarse y a ofrecer la imagen que se espera de un subcampeón de Liga. Así, en el minuto 14 trenzó una espectacular jugada entre Gabilondo, Karpin, Alkiza y Nihat que el delantero turco culminó con un duro remate que fue detenido con apuros por Sanzol. El conjunto navarro, tras unos minutos de desconcierto, volvió a la carga aprovechando la velocidad de Valdo y Bakayoko y a punto estuvo de marcar cuando una falta infantil, provocada por Schurrer, concedió al uruguayo Pablo García la posibilidad de ensayar un libre directo que rozó la escuadra realista. La autoconfianza de los jugadores que entrena Denoueix se ha resentido tras los últimos resultados y ayer volvió a quedar en evidencia. La negativa tendencia de los últimos partidos, caracterizados por la falta de acierto, volvió a reiterarse a la salida de un saque de esquina que Schurrer falló sin oposición. El conjunto guipuzcoano salió en la segunda parte con más ambición, en busca de la victoria y con un juego por las bandas más acentuado, lo que se tradujo en más y mejores opciones de gol. El encuentro parecía abocado al empate a cero cuando surgió López Rekarte, que midió un centro para que Kovacevic no tuviera más que conectar el balón con la cabeza a la red.