Tratado para perder el miedo
Fernando Torres se ha convertido, con 19 años y ocho goles en su casillero, en el aliciente para el partido de Copa ante la Cultural, y un jugador clave en el presente colchonero
El nombre de Fernando Torres se hace cada día más grande, no sólo por su indudable calidad, sino por la ausencia de miedo a fallar de que hace gala, pese a sus escasos 19 años, el delantero más emblemático del Atlético de Madrid. Hace escasos meses, la mayoría de medios especializados abogaban por la presencia de Torres en la selección española como paraje ideal de Raúl en la punta del ataque. El día soñado se produjo en un amistoso ante Portugal en el que España se impuso por 0-3, aunque Torres tuvo que retirarse lesionado antes del descanso tras una dura entrada de Couto. Más tarde, en el trascendental partido oficial ante Ucrania, que debía decidir el futuro de la selección nacional en la Eurocopa 2004, Torres tuvo su debut oficial, aunque la suerte le volvió a dar la espalda. Con 0-0 en el marcador, el delantero asumió la responsabilidad de lanzar un penalti que no pudo transformar. Aquella noche, los dos goles de Raúl evitaron que el mal trago de Torres se transformara en tragedia y quedara en anécdota. La situación de su equipo en la Liga española, en la que coqueteaba peligrosamente con los puestos de descenso tras las seis primeras jornadas, nubló momentáneamente su estrella y su nombre quedó parcialmente en el olvido. La táctica de Gregorio Manzano, que le convertía en el único delantero del Atlético, no ayudaba el juego de Torres que se perdía en medio de marcajes imposibles y su fulgurante carrera llevaba camino de sufrir un parón peligroso. La necesidad llevó a Manzano a buscarle un acompañante que distrajese a los defensas y le permitiera más espacios para explotar su gran zancada. El griego Demis Nikolaidis, inédito prácticamente hasta el momento, se convirtió en el mejor aliado de Torres y los resultados comenzaron a llegar. Ante el Mallorca inauguró su cuenta realizadora particular y demostró que no se le había olvidado marcar, pero fue ante el Murcia, en la jornada siguiente, en la que disipó muchos fantasmas. Cualidades de mando Con empate en el marcador el colegiado señaló un penalti favorable al Atlético. Pese a ser el jugador más joven de la plantilla, Torres no lo dudó, situó el balón en los once metros y golpeó con rabia para inaugurar el marcador. El recuerdo de la pena máxima marrada contra Ucrania hubiera hecho mirar hacia otro lado a muchos otros futbolistas, pero Torres tiene madera de ganador y está acostumbrado a asumir la responsabilidad consciente de que sólo los grandes dan la cara en los momentos más complicados. En su corto currículo ya figuran dos títulos de campeón de Europa sub-16 y sub-19. En el primer torneo, disputado en el Reino Unido fue el mejor jugador, el máximo goleador y el artífice del tanto de la victoria ante Francia desde el penalti. El pasado año, en Noruega, volvió a ser el delantero más determinante y el mejor artillero de su categoría, y una nueva diana suya en la final significó la corona continental. En la Liga suma siete tantos. Hace una semana, logró dos de los 4 tantos del Atlético ante la Real Sociedad, y el domingo volvió a hacer doblete colaborando en el cuarto triunfo consecutivo de su equipo al que ha llevado a los primeros lugares. El punto de penalti, aquél que pudo encumbrar al brasileño Bebeto cuando desdeñó lanzar la pena máxima en el partido ante el Valencia que erró Djukic y dio la Liga al Barcelona hace diez años, es un nuevo aliado de Torres. Ha asumido la responsabilidad en los tres últimos partidos y ha hecho diana en todos ellos. Es un goleador nato y ahora se siente importante, aunque quizás nadie dónde puede estar su límite.