Natulareza enferma

Nuestro resignado ambiente fluvial padece de infinidad de síntomas que demuestran las enfermedades que lo aquejan y alejan cada día del ambiente puro del que disfrutó 1397124194

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Ordoño Llamas Gil - león
León

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Para saber el estado de salud o la enfermedad que padecemos, nada mejor que acudir al galeno, informándole detenidamente sobre los síntomas que nos afectan, los que unidos a un análisis sistematizado de nuestros componentes físicos, darán como resultado un diagnóstico acertado, y procederá a recomendar la continuidad de nuestros hábitos si la salud se mantiene próspera y sana, o las intervenciones o tratamientos adecuados que palíen y detengan la enfermedad y ayuden al mismo tiempo a que nuestra recuperación sea lo mas completa posible, sin daños residuales importantes. Sigamos, por tanto, la trayectoria sintomática de un ente llamado medio ambiente (nombre ambiguo donde los haya, pues ¿por qué no tenía que llamarse buen ambiente, que parece ser lo que se persigue?) que no deberíamos confundir con ambiente medio, puesto que este último puede ser un ambiente bueno o malo al que le podemos sacar la media, que podía resultar desastrosa, pero no dejaría de ser la media. Pues bien, este ente natural nacido en los albores del mundo sin estar todavía bautizado, se desarrolló con la normalidad que le imponían las fuerzas físicas y químicas, influídas por la evolución en todos los aspectos zoológicos, botánicos, minerales y cósmicos que, con mayor o menor acierto fueron conformando el globo terráqueo. Se disponía así la distribución de los continentes con sus cordilleras, selvas, llanuras y desiertos, y de los mares, lagos y ríos, con sus playas y simas profundas y sus infinitos recorridos de aguas corrrientes. Lugares todos donde la vida se ha ido creando de acuerdo con las condiciones ambientales que podían determinar su existencia, favoreciendo casi siempre la supervivencia de lo creado y compensando la depredación con mayor descendencia, de forma que se llegase a un equilibrio ecológico del ambiente, en el que solamente los muy débiles debían perecer, en favor de la evolución y el desarrollo de los fuertes. Es una fortaleza también concebida como astucia e ingenio, que hizo compatible lo grandioso con lo ínfimo complementándolo. De esta forma se llegó, siempre avanzando en la colonización de to dos los hábitats, hasta la época en que surgió de la evolución un ser que andaba sobre las dos extremidades inferiores y que comenzó a utilizar las manos ayudado por una inteligencia incipiente que, poco a poco, comenzó a manipular el ambiente, fabricando armas o herramientas y descubriendo el fuego, instrumentos con los que miles de años después ha llegado casi a calcinar el planeta. Ambiente a secas Después de este rollo descriptivo de nuestro ambiente, podemos deducir que llegó sano a la era prehumana, empezando entonces a ser atacado por todos los flancos por los homínidos y sus descendientes, que le han hecho padecer enfermedades y sufrimientos sin cuento y que, con el transcurso de los milenios han ido en aumento, llegando hasta nuestros días pretéritos bastante mermado ya en sus facultades de regeneración, siendo posible que por esta causa fuera bautizado como medio, en vez de como ambiente a secas. Para disimular las enfermedades que le aquejan y ocultar sus síntomas, se ha inventado durante los últimos siglos la palabra progreso, con la que se justifican todos los avances que la ciencia y la tecnología han logrado en favor del homo sapiens, sin apenas tener en cuenta los regresos o retrocesos que el ambiente puro ha perdido en esta guerra sin cuartel, que empezó con la ley del mas fuerte y se ha decantado por la ley del mas dominante. Adquiriendo progreso hemos retrocedido y exterminado todo nuestro entorno, atreviéndonos incluso a justificarlo en nombre de quien llamamos Creador de este ambiente. Hemos arrasado, talándolos o quemándolos, los árboles de casi todo el planeta, disminuyendo el oxígeno que nos regalaban. Hemos envenenado el aire con fábricas de nuevas máquinas de contaminación masiva, por lo que ha aumentado la fiebre del ambiente cambiando el clima precipitadamente. Hemos alcanzado mas progreso en producción agrícola envenenando las tierras, y las aguas que las riegan bajan ya ahítas de venenosos detergentes que limpian nuestras casas y vestidos, lavan minerales y reciben productos químicos sin interrupción. Todo esto podemos aplicarlo a nuestro particular y querido ambiente fluvial y piscícola, donde el progreso ha trastocado todos los valores. Ahora disponemos de un organismo que se ha adjudicado el nombre de nuestro ambiente, plagado de funcionarios y burocracia que dicen conservarle. Disponemos de una flota de todos-terrenos para el servicio de guardería, de modelos modernos. Extraemos las truchas con delicadeza, aplicándolas una ligera descarga eléctrica para que no sufran. Poseemos vehículos con cubas o recipientes para trasladarlas a destinos que ignoramos. Eliminamos (siempre eliminando) a los depredadores foráneos que cohabitan con ellas (y que primero les trajimos como compañeros) para facilitarlas su expansión. Hemos introducido equivocadamente otras especies malignas, por lo que debemos pedir humildemente perdón al ambiente. Vedamos lo que queremos y acotamos cuanto nos place, no sé si a través de un Consejo de pesca que dicen vela por nuestros intereses, que sería lo correcto. El progreso se ha adueñado de las instituciones que mandan en el ambiente fluvial. Desde la Junta con su «medio ambiente» hasta la Confederación del Duero con sus caudales ecológicos, polución, graveras y otras cuestiones. En resumen, que nuestro resignado ambiente fluvial padece de infinidad de síntomas que demuestran las enfermedades que le aquejan, y que le alejan cada día mas del ambiente puro del que disfrutaba hace cuatro o cinco milenios. Polución continuada es el mayor, al carecer de depuración casi todas las aguas que vierten a los ríos, procedentes de establos, industrias, minas, pueblos e incluso ciudades. Presión excesiva de furtivos o no con cables. Idem de pesca mal regulada por vedas irregulares y variables. Trasvases indiscriminados de truchas y mortandad al manipularlas. Altibajos en el caudal de los ríos controlados, que han perjudicado gravemente a las truchas, siendo los causantes de la saprolegniosis en los desoves. Sobre todo en el Órbigo, gran prolífico que fue en otro ambiente más favorable, esta causa hizo que perdiera hace tiempo todo su poder de regeneración, etcétera. Por ello, el galeno consultado diagnostica, que ambiente fluvial está moribundo, y ya no se le puede llamar ni bueno, ni puro, ni medio, sino ambiente enfermo o quinto ambiente, que es la parte viva que le queda para sucumbir al progreso.

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