Diario de León

Grecia, último escollo de Chequia que ya sueña con disputar la final

Los helenos, marcados por su fútbol rácano, aceptan cómodamente su papel de víctimas

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Ignacio Tylko - oporto
León

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La República Checa, la gran sensación de la Eurocopa por su fútbol atrevido, excelentes individualidades y magnífico comportamiento como conjunto, parte como indiscutible favorita en la semifinal que le enfrenta hoy, en Do Dragao, a la rácana y resultadista Grecia de Rehhagel, el dios alemán a quien quieren nacionalizar heleno. Los centroeuropeos del eslovaco Karel Brückner desconfían del enrachado rival, pero están seguros de poder plantarse en la final, coronarse campeones y tomarse el desquite de lo que sucedió en la final de hace ocho años, ante Alemania, en Wembley, con ese gol de oro de Bierhoff. El legendario técnico Jozef Venglos compara el espíritu ganador de esta selección con el de aquel gran equipo que, bajo su dirección y la denominación de Checoslovaquia, se coronó campeón en 1976 al derrotar precisamente a los teutones en los penaltis. Allí, en Belgrado, fue donde Panenka pasó a la historia por la forma de batir a Maier en la decisiva pena máxima. Los checos lideran las apuestas y están más que capacitados para ganar los seis partidos de la Eurocopa, un récord sin pulverizar hasta la fecha. Si remontaron con sangre fría, perseverancia, buen fútbol y fe infinita en sus posibilidades ante Letonia, Holanda y Alemania, y apabullaron a Dinamarca en cuartos de final, ahora deberían desenmascarar a los griegos. Grecia no enamora a nadie con un fútbol cicatero, pero han tenido el enorme mérito de hacer historia y llegar más lejos que nunca con futbolistas de medio pelo que superaron escollos complicadísimos. Su fútbol no gusta a casi nadie, pero no puede hablarse de casualidad cuando un equipo supera en dos liguillas a España, es capaz de derrotar en el primer partido al anfitrión y en cuartos de final se merienda a Francia, el vigente aunque decadente campeón. País sin Liga Los checos, representantes de un país con una Liga de tercera fila -Bolf y Poborsky son los únicos titulares que compiten en clubes de casa-, conforman un once de enorme potencial ofensivo, capaz de imponer su juego y su ritmo y de leer perfectamente los partidos en función de las necesidades. Miden los tiempos del juego como nadie. Nedved, Balón de Oro, es el gran líder natural de un equipo en el que brilla Milan Baros, capaz de marcar en todos los partidos hasta ahora y de compenetrarse a la perfección con el tanque Koller. Poborsky parece vivir una segunda juventud a sus 32 años, aunque insiste en su idea de retirarse tras la Eurocopa, Rosicky se ha confirmado como un gran director de juego y Galasek es el sostén en centro del campo. Atrás no tienen nombres conocidos, pero son bastante fiables. Conocen el oficio y no se complican la vida tratando de hacer lo que no saben. Lesionado en un músculo Jiranek, todo apunta a que Grygera recuperará la titularidad que perdió cuando Brückner le señaló como culpable al sustituirle en el momento en que los checos habían encajado dos goles contra Holanda. Grecia, por su parte, es una máquina fabricada por Rehhagel para defender y contragolpear con un fútbol que exige concentración, disciplina y notables condiciones atléticas a la hora de reducir espacios y realizar incluso marcajes individuales. Es el combinado más atípico del campeonato. Rehhagel, que hasta la fecha no ha repetido equipo en Portugal, dice que fundamenta su sistema en los jugadores, aunque Basinas, su centrocampista de mayor contención, subraya que juegan siempre en función del rival. Hasta el momento a nadie le gusta su juego, menos a los suyos. Grecia: Nikopolidis, Seitaridis, Kapsis, Dellas, Fyssas, Giannakopoulos, Karagounis, Basinas, Zagorakis, Vryzas y Charisteas República Checa: Cech, Grygera, Ujfalusi, Bolf, Jankulovski, Poborsky, Galasek, Rosicky, Nedved, Baros y Koller Árbitro: Pierluigi Collina (Italia) Estadio: Do Dragao Hora: 20.45

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