MI EUROCOPA
Lecciones sobre el tiempo
PUEDE QUE Otto Rehhagel no sea el mejor entrenador del mundo. Hasta ahora su apellido nos decía bien poco, y sólo los más cultos conocían sus éxitos al frente de equipos alemanes. Pero si por algo se le recordará después de esta Eurocopa es por haber revalorizado el tiempo como uno de los problemas fundamentales del fútbol. Estrategias sobre la segmentación de un partido, las virtudes de la paciencia, el agotamiento físico y psicológico del rival son sólo algunas de las nociones que conforman esta reflexión casi metafísica que ha convulsionado el deporte griego. Mucho se viene hablando, sin que falten la indignación y el desprecio, de los métodos de este preparador que sigue utilizando marcajes al hombre, un recurso hoy proscrito por los santones de la zona, y que ha conseguido de sus jugadores un férreo instinto de supervivencia. Lo cierto es que en la eterna oposición de ataque o defensa, Grecia presenta un caso significativo que, si bien no pasará a la historia, al menos supone un ejemplo en el que muchos, incluida España, deberían mirarse. Sin nombres ilustres, sin prendas técnicas ni oropeles mediáticos, basa toda su fuerza en la humildad de aceptar sus limitaciones y en la inteligencia de saber debilitar hasta la extenuación a sus enemigos. Poco puede esperarse de un grupo como este, pero quizás un depurativo necesario para el equilibrio futbolístico mundial. Gane o pierda, esta Grecia será una selección venerada por los suyos y olvidada por los aficionados de paladares más exquisitos. Cosa distinta ocurrirá con una Portugal que concilia los últimos coletazos de una generación y el nacimiento de valores que marcarán el camino del fútbol portugués. Scolari supo reconducir una alineación inicial anclada en el pasado y dotarla de homogeneidad con la inclusión de cinco titulares del Oporto. Para uno, Portugal ha sido la selección más valiente en lo táctico y la más clara en sus intenciones ofensivas. No discutiremos que su condición de país organizador y la derrota en el partido inaugural marcaron un destino que puede tener un desenlace feliz si no se deja engañar por los sentidos y no mira a los griegos como un enemigo menor cuya suerte está suficientemente recompensada con la disputa de este encuentro. Esta noche se enfrentan no sólo dos naciones, sino dos estilos contrapuestos.Preferimos el que defiende Portugal, pero el fútbol necesita, por desgracia, a los dos.