Corazones distintos
NO HA SIDO una cuestión de kilómetros, dieciséis, ni de tiempo, sino de voluntad. Lance Arrmstrong tiene muy claro que cuanto menos desgaste tengan él y su equipo, más enteros van a llegar a la parte más complicada de esta carrera, que todavía está lejos, y que el maillot amarillo, por el momento, no le interesa. Los que pueden irse despidiendo de las llegadas en grupo son los hombres rápidos. O se juntan varios equipos para ir controlando los ataques en los primeros kilómetros y van ordenando la carrera o asistiremos a más escapadas aunque el terreno sea plano. Thomas Voeckller, el nuevo líder, va a saciar a los franceses con su maillot amarillo y su equipo tendrá que trabajar para que conserve ese puesto. La película de Armstrong va por otros derroteros y las diferencias que hay en la general tampoco son escandalosas. Da toda la impresión que los equipos fuertes no quieren mucha pelea antes de tiempo. Liberty, Balears y Euskaltel deberán de empezar a pensar, antes de Pirineos y Alpes, en moverse para colocar corredores en las escapadas. Hay sólo tres llegadas en alto y otras tres etapas de gran montaña y el reparto de triunfos no va a llegar a todo el mundo. Armsstrong ya ha dejado claro que no va a mover a su equipo si no es para ganar el Tour. Este jueves tiraron por decencia, para que los escapados no lograsen unos tiempos de escándalo. Armstrong mantuvo su cabeza y su corazón fríos, para alejarse del torbellino que conlleva el liderato. El ganador de este jueves, Stuart O¿Grady, es un ciclista que en pleno Tour de 2002, en una etapa que finalizó en Reims, se encontró con que su corazón latía a 235 pulsaciones por minuto, cuando normalmente lo hace a 185. Entre cinco y diez minutos es el tiempo que dura cuando el corazón se le dispara. En los Juegos Olímpicos de Atlanta le pasó lo mismo en las semifinales de la persecución. No la pudo correr. Antes le había dado otro ataque en 1998, en la pista de Adelaida, delante de su padre. Parece que ese problema lo tiene controlado. Este jueves no tuvo ningún síntoma extraño. O¿Grady y sus compañeros de escapada no esperaron para atacar y encontraron recompensa para sus desvelos. Son dos corazones, el de Lance Armstrong y el Sttuart O¿Grady, que bombearon mucha sangre a diferentes velocidades.