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MARTÍN
León

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LA VUELTA Ciclista a España ha convertido a León, al menos durante estos días en la capital del Ciclismo. Así con mayúscula; aunque la Vuelta es la segunda de las grandes pruebas del ciclismo en ruta. Un evento muy importante y, consecuentemente, de una gran resonancia publicitaria. La presentación de la prueba, en el marco del Auditorio, el inicio de la competición con una crono por equipos, con partida y llegada en León, la primera meta de salida para hacer un recorrido que compendia la doble vertiente ciclista del llano y de la montaña. Una mirada rápida al Libro de Ruta nos muestra un trazado ideal para que la Vuelta tenga interés, ofrezca posibilidades para todos (rodadores, escaladores) y concite millonarias audiencias, al tiempo que su paso despierta pasiones entre las gentes, un plural este que le es ciertamente respaldado por la presencia de los aficionados a lo largo y lo ancho de la ruta. El ciclismo ha despertado siempre pasiones y emociones allá por donde pasa, apenas unos minutos, o donde hace diariamente parada y fonda. Y León no ha sido la excepción, sino la confirmación plena de la regla. Porque en parte por su situación geográfica de paso de Galicia y Asturias, del Norte hacia el Centro y el Sur, ha estado presente en muchos finales de etapas, con el juez de paz Pajares propiciando gestas y cimentando sonadas victorias. En él, Raymond Poulidor -el eterno segundón del ciclismo- cimentó su único triunfo en una de las grandes Vueltas. Testigo también de la pugna entre Loroño y Bahamontes, en la época en que Luis Puig era el «capo» del ciclismo español. ¡Que competencia tan dura como grandiosa...! ¿Recuerdas, Senén...? También en el amplio acervo que desborda el libro de las anécdotas, León, tiene varios capítulos. El recibimiento emocionado de una organización juvenil a Bernardo Ruiz, el gran Pipa, la llegada de Julio Jiménez al viejo Estadio Hispánico, después de haber realizado una extraordinaria escalada al Pajares, ante el entusiasmo desbordado de los hombres del Club Ciclista Leonés que le alzaron en hombros. Julito era bien conocido y mejor apreciado por estos ciclistas, donde llegaba desde Ávila a participar en las pruebas que con esfuerzo loable y dedicación tan altruista como laboriosa, organizaba el veterano club acogedor de las gestas de Bajado y Galindo, de Senén Blanco, de su homónimo Senén Mesa y de José López Rodríguez. Esta semilla bien sembrada que ha tenido continuidad dando un buen fruto. León Capital del Ciclismo. Recuerdes y presente. Buena inversión publicitaria, utilizando la excelente herramienta que es el deporte. Un acierto rotundo que merece la felicitación en tangible realidad.

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