| Crónica | España es así |

Cuando la suerte es esquiva

El equipo estadounidense, sin tiempo para digerir la derrota, vive una pléyade de despropósitos en los aeropuertos camino de su país

Publicado por
J.M. Guimaraens - sevilla
León

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Aeropuerto sevillano de San Pablo. Cinco horas y quince minutos (madrugada) de este lunes: el equipo americano se dispone a viajar a Madrid cargado con su derrota frente a España. El vuelo está programado para las siete de la mañana. Andy Roddick, medio somnoliento, permanece sentado en un banco cercano al mostrador de facturación de equipajes. El jugador americano tiene una media tos. Lleva en su mano derecha una botella, medio vacía, de agua mineral. Es el momento de intercambiar unas palabras con él. Interviene un compatriota suyo, como intérprete, que domina el español. Roddick confirma que España es un merecido país ganador de la Copa Davis. Andy vuelve a casa «con la decepción por perder», pero cree que no se ha hundido el mundo. «Esto nos obligará a mejorar en el futuro», dice. A él le preocupa, de cara a la próxima temporada, superarse en la volea, «porque en los remates por alto casi todo me sale bien». La selección norteamericana está capitaneada por Patrick McEnroe. Antes de facturar sus maletas se entretiene dialogando con los cuatro alevines que defendieron a Estados Unidos en un duelo contra los españoles en la Plaza de España. Les anima a entrenarse a fondo y les advierte que para llegar a ser un buen jugador hacen falta muchas horas de trabajo. Ellos, los chavales, afirman que se entregarán a la faena. Les firma su autógrafo en la gorra visera que lucen. También les firma Mardy Fish, el vencedor de Robredo. Roddick se deja fotografiar por unos aficionados. Ya en el mostrador, uno de los empleados de Iberia, le pide su firma en un papel. «Es para un sobrino», explica. Andy no pone reparo alguno. «Es que ya estoy acostumbrado a estas cosas», señala. Sabe que la fama tiene un precio: «Me gusta satisfacer a quienes siguen el tenis». «Que venga Moyá» La empleada de Iberia que va a facilitarle la tarjeta de embarque desconoce en absoluto quién es Rodri. Se le dice que Roddick es la estrella del tenis americano. Ella dice no saber nada de este deporte. Se le habla de Moyá y no duda en proclamar: «Ese sí, que venga, que venga Moyà». El equipo americano carga con sus raquetas, pasa el control de policía y cuando está a punto de embarcar, surge un problema: el avión tiene una avería y hay que esperar a que la reparen. Roddick tuerce el gesto. McEnroe también. Ambos, sin embargo, hacen de tripas corazón. Esperan no perder el enlace en Madrid, porque vuelven a casa para tomarse un descanso. Sin escalerilla ni autobús Tras una hora de retraso, la aeronave emprende el vuelo. Durante el trayecto, Roddick se entrega al sueño. Sus compañeros también. A la llegada a Barajas surge otro problema. Los pasajeros aguardan hasta quince minutos. Se les dice que no pueden descender del avión por la falta de escalerillas y de autobuses. «Esto sí que me llama la atención», comenta un Roddick todavía sonriente. Por fin, se hace la luz, y McEnroe y sus muchachos se dirigen a la terminal para asegurarse el retorno a su país. Antes, el propio McEnroe avisa: «La próxima vez, España tendrá que visitarnos y trataremos de tomarnos el desquite».

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