Diario de León

Mucho, demasiado cemento

Las inclemencias meteorológicas redujeron la asistencia al estadio

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Georgino Fernández - león
León

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Salvando las distancias, un partido entre la Cultural y la Ponferradina es algo así como un Escocia-Inglaterra de rugby. A lo meramente deportivo se le suman otras connotaciones que convierten el partido en un cóctel explosivo, una de esas citas que produce cosquilleo en el estómago y saca de uno el espíritu guerrero. Por eso, sorprendió -y mucho- ver como el Amilivia registró ayer una muy pobre entrada. Menos de 6.000 espectadores en un campo que tiene capacidad para 15.000 personas. Volviendo al paralelismo angloescocés, ¿alguien se imagina el estadio de Murrayfield semivacío en un choque a cara de perro entre los los del cardo y la rosa?. Evidentemente, no. Nunca, jamás. Es más que un partido, es una cuestión de honor. Resultó bastante deprimente ver cientos y cientos de asientos del Amilivia vacíos. Sólo los fieles al pie del cañón. Los que llueva, nieve o haga sol están ahí. Bien es cierto que la tarde era gélida y que enfrentarse al invierno leonés no es tarea sencilla. Aceptado. Sin embargo, con bufanda, petaca y sobre todo espíritu y verdadera pasión por un escudo y unos colores, el campo hubiese estado lleno y el graderío sería un mar humano en lugar de un océano de plástico blanco y azul: los colores de los asientos vacíos. Y eso que los cientos de aficionados de la Ponferradina que se desplazaron a León -dando ejemplo- pusieron todo de su parte para dar ambiente al derbi. El ruidoso Frente Norte animó, jaleó -también insultó- y estuvo siempre dando calor a sus colores blanquiazules. Incluso durante buena parte de la primera parte parecía que la Deportiva jugaba en casa. El pique en su amor propio y el gol de la Cultural animó a los locales. Máxime cuando hubo algo que más que roces entre ambas aficiones. La peña El León Rampante y sus tambores empezaron a retumbar con más fuerza aún de lo que lo hacían. También el Fondo Norte, la Pasión Kazurra, Frente Leonés y la Toribio Morán pusieron calor. Acaba el primer tiempo y los aficionados se quejan con razón: en el bar no hay café y la única máquina es insuficiente para los cientos de aficionados que acudieron a ella con el moquillo en la nariz. En fin, dentro de diez días, más.

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