Diario de León

El Madrid sigue su rehabilitación ayudado por un polémico arbitraje (3-1)

Gravesen, muy apoyado por el Bernabéu, derrochó trabajo en su debú de 23 minutos

El zaragocista Movilla, a la izquierda, disputa un balón con el debutante Gravesen

El zaragocista Movilla, a la izquierda, disputa un balón con el debutante Gravesen

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Ignacio Tylko - madrid
León

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Es indudable que todo ha cambiado en el Madrid con la llegada del brasileño Vanderlei Luxemburgo al banquillo. Juega mejor, con más disciplina táctica, con más fe, con mayor perseverancia y encima se ve acompañado por la fortuna, la inocencia de algunos rivales y hasta los errores arbitrales. Si ante la Real Sociedad ganó por convicción y ante el Atlético por pegada y la falta de puntería rojiblanca, esta vez remontó ante el Zaragoza porque siempre creyó en el triunfo, Álvaro se autoexpulsó en una acción absurda en el arranque de la segunda parte y Losantos Omar completó una actuación calamitosa. Más allá de guarismos y polémicas, este Madrid tiene mejor pinta. Ya no es un enfermo agonizante sino un equipo rehabilitado. Los síntomas de mejoría son evidentes. Los jugadores blancos están mucho más concentrados y metidos en el partido desde el inicio del choque. Ahora se desenvuelven juntos, con más ritmo, más solidaridad, más ayudas al compañero y presionan en bloque la salida del rival. Hay viejos problemas, empero, que se mantienen recurrentes. Primero, la falta de solvencia en el centro de la defensa, sobre todo si Helguera se empeña en ejercer de medio en una posición donde está prohibido complicarse la vida y tiene como compañero al lento Samuel y no al atento Pavón. Segundo, la escasa circulación en el centro del campo con Beckham como eje. Y eso que Solari se dio una paliza descomunal ya que aparta de tocar y defender, desdobló una y otra vez por banda a Zidane. Salió bien el Madrid, con un descarado dibujo 4-4-2 y no con un 4-2-3-1, pero pronto se vio que el Zaragoza la plantaría cara. Por ser su 'bestia negra', es uno de los pocos equipos que le juegan sin miedo, incluso en Chamartín, y eso ya es elogiable. Además, los maños tuvieron la suerte de adelantarse en su primera llegada. Villa le robó la cartera a Helguera, se fue como Pedro por su casa de Samuel, dribló también a Casillas y marcó a puerta vacía. El Zaragoza marcó con uno menos, ya que se acababa de retirar el central César Jiménez tras una plancha brutal de Figo que quedó impune. Mala noticia para los visitantes, que perdían al sustituto natural del sancionado Milito y recomponían con Aranzabal en el lateral y Toledo en el centro. Reacción Con el resultado en contra, el Madrid mostró capacidad de reacción y encerró por completo al adversario hasta el descanso. Pudo empatar ya en una falta rápida lanzada por el listo Raúl, pero lo impidió un milimétrico fuera de juego de Zidane. Su empuje encontró premio poco antes del descanso, cuando Raúl, al borde del fuera de juego, aprovechó una gran asistencia de Ronaldo y firmó su típica y bella cuchara. Se hacía justicia. Tras el descanso, entre el hara-kiri de Álvaro y el árbitro decantaron enseguida el duelo del lado local. El central se ganó la segunda amarilla por una falta tontorrona a Raúl en el medio del campo y el colegiado porque se tragó un fuera de juego clamoroso de al menos tres jugadores en el gol de Ronaldo y luego no vio un posible derribo de Roberto Carlos a Villa en el vértice del área y un penalti por agarrón clamoroso de Salgado al delantero. Con el duelo ya decantado, salió al campo el danés Gravesen, ovacionado por su despliegue físico y recaditos al otro calvo, Movilla. Cometió el error el Madrid de no sentenciar antes, de jugar en el alambre, y Galletti, el mismo de la Copa, estuvo a punto de castigarle con un duro disparo. Al final, Owen puso la diferencia. Y el inglés ya lleva siete goles sin ser titular.

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