Diario de León

El empate ante el Recreación deja a la Cultural en puestos de nadie (1-1)

El equipo leonés no supo rentabilizar el gol de Paulino y acabó pagándolo en el descuento

Ángel Fraguas
León

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La grave lesión de Roberto Landáburu el día antes del encuentro dio a la Cultural más garra, si cabe, para acometer la primera de las catorce finales frente al Recreación de La Rioja. El equipo leonés quiso crecerse ante las muchas adversidades que han golpeado a su juego y a su entorno en los últimos compromisos de Liga. El entrenador Vicente González Villamil adecuó su plantilla disponible a las necesidades del momento. Utilizó a los jugadores en su posición natural, sin acudir a otros experimentos que en la mayoría de las situaciones en lugar de arreglar, entorpecen y enquistan todavía más la delicada apariencia que expresa el equipo en el campo de juego. El entrenador asturiano moldeó un once con el pensamiento situado en fortalecer cada una de las líneas con los jugadores más bregados y de una calidad evidente. En los momentos por los que atraviesa la Cultural, la experiencia, como asegura la sentencia militar, es un grado. La Cultural fortaleció la cobertura, con la presencia de Miguel Alfonso e Ivo en el centro, mientras que José Ángel y Casquero frenaron al equipo riojano por ambas bandas. Para el centro del campo, Villamil dispuso a dos mediocentros, los de siempre, Albert Puigdollers como articulador del juego leonés, y Soto como recuperador de balones, mientras que por las bandas Abel y Pepe Domingo trataron de hacer fuertes los carriles por los que penetrar hacia los dominios de la meta defendida por el portero Josean. Pepín ayudó a Paulino en la labor de llegar de forma incisiva hacia al área riojana. Sin embargo, los visitantes demostraron que su situación en la tabla clasificatoria no se debe a la casualidad. En el estadio Amilivia impusieron orden en cada una de las demarcaciones. Además, en la medular el toque de Nacho Castro, acompañado por Larios y Furiga, dotó al bloque de Rubén Galilea de un aplomo y unas trazas de conjunto experimentado. El conjunto riojano, pese a su corta historia, mantuvo en León una imagen plena en cuanto a juego. Pero una vez más lo que marcó la diferencia fue el jugador de siempre. El que nunca se enconde y da la cara tarde sí, tarde también. Paulino se fue hacia el portero contrario Josean, que entretuvo el balón en su área, como el que va a robar manzanas al huerto del vecino. Al delantero le salió su lucha con el guardameta visitante a pedir de boca. Le quitó el balón como el distrae manzanas de la finca de enfrente. Y gol. La Cultural cobró la pieza en el marcador. Ahí radicó la única diferencia para el equipo de casa. En nada más. Hasta ese momento, en el que se produjo el tanto (minuto 21 de partido), y después también, el Recreación de La Rioja dominó el control del encuentro durante todas las fases del mismo. La motorización impuesta por Nacho Castro y por Furiga descompuso el centro del campo leonés en cada una de las acciones del encuentro. Los centrocampistas leoneses no existieron. Se fueron del choque y sólo se vio el dominio local en el marcador, gracias a que Paulino hizo bueno el argumento de que el fútbol es para listos y el único listo hoy por hoy de una plantilla tocada es el delantero manchego. Con ataques continuos por parte de los visitantes culminó la primera parte. Lo mejor que le pudo suceder a la Cultural hasta ese momento. Manguerazo en el descanso El tiempo de descanso sirvió para que los dos entrenadores leyeran la cartilla a sus respectivos jugadores de cómo acomodar el encuentro al resultado que campeaba en el marcador. Pero los minutos de relax valieron también para dar un manguerazo a la zona en la que la Cultural iba a atacar en los segundos cuarenta y cinco minutos. La orden de los técnicos de la Cultural convirtió en una centella al balón nada más que entró en contacto con el mojado césped. Pero, la Cultural no estaba para carreras ni mucho menos, porque el Recreación continuó con el dominio del balón y del tempo del encuentro. El equipo visitante pareció el local. No se amilanó en ningún momento y siempre hizo sentirse a disgusto al once dirigido por Vicente González Villamil. El oficio y el juego desplegados por los riojanos hicieron desesperarse a la grada, que comenzó a silbar por momentos al conjunto leonés. La sufrida hinchada previó lo peor. La petición de la hora cuando todavía restaban siete minutos para la conclusión del encuentro fue la mejor garantía de que el encuentro no se manejaba a favor de los intereses del bloque culturalista. Cuando el delegado Fernando Muñiz sacó la cartulina de cinco minutos de tiempo añadido, la grada se echó a temblar y no por el frío, sino porque el empate riojano se mascó con más fuerza según se sucedieron los minutos. Cuando pasaban tres minutos de los reglamentarios, empate y desesperación local. Los gritos de desaprobación de la parroquia leonesa retumbaron por los cuatro costados del estadio leonés. La presión pudo a los jugadores locales, excepto a uno que por un sentimiento de impotencia terminó antes el choque.

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