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LUIS VILLAREJO
León

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NO MERECIÓ el Villarreal quedarse fuera, una de las sociedades más innovadoras en la actualidad, pero la realidad es que no hay ningún club español ya en Europa. Los más optimistas apelan a la mala suerte, pero detrás de este bajón espectacular de la Liga existen varias claves, que desde la reflexión ayudan a explicar este alarmante descenso del nivel competitivo. En los despachos de los clubes andan preocupados estos días. Los clubes no están unidos y eso se nota. El torneo de la Liga, como campeonato, no es sólido. No hay un pacto de caballeros en los clubes que proteja el estamento arbitral, tampoco se respetan las sanciones de los comités, los horarios televisivos de discoteca alejan a los niños de este deporte, a un buen puñado de la nueva generación de jugadores no les gusta mucho el fútbol y no transmiten pasión al exterior; y lo más importante: al fútbol español le ha salido un gran competidor, una Premier League inglesa, que hace justo todo lo contrario. En Inglaterra televisan bien el fútbol, juegan con la luz del día, en Navidad no hay vacaciones de veinte días, las sanciones se aplican al día siguiente, cuando un árbitro se equivoca pide perdón en la tele, da pena a la gente y la Liga muestra a modo de terapia cómo es un duro día en la vida de un árbitro, con sus entrenamientos y horas de vídeo encerrado para corregir el error; y encima ahora se dedican a captar talentos en España. A llevarse lo mejor de la cantera hispana. A los chicos les cuesta jugar en Primera división. La aldea global en la que se ha convertido este mundo nos hace familiar la Liga inglesa. Todo el mundo conoce a John Terry, a Frank Lampard, a Didier Drogba, a Ricardo Carvalho, a Thierry Henry, la gente distingue a Joe Cole de Ashley Cole, y qué decir de la españolía del Liverpool, que con Rafa Benítez al mando, provoca un plus de seducción en este torneo. A los clubes españoles, en general, se les va acabando la gasolina de estos años. Fichan peor, ya no son suficientes los ingresos por televisión y por eso Valencia, Atlético, Deportivo, Barcelona incluso, buscan nuevas fórmulas para aumentar sus arcas, siguiendo la senda que abrió el Real Madrid en su día. En el fútbol español, Lendoiro fue pionero de muchas cosas. Y ahora, en esta etapa de transición, es el primero que ha viajado a Inglaterra con humildad «a aprender», como él ha confesado, a ver cómo funciona la mejor Liga del mundo. Este título lo ha disfrutado la Liga española en los tres últimos años. Y hay que recuperarlo. Este verano, la fuga de cerebros no va a parar. Que se sepa, a Rafa Benítez le entusiasma el madridista Juanfran y el Manchester va a pujar por Sergio Ramos y por Vicente. Este último, aunque está blindado en el Valencia. Incluso sin jugar este año, por su grave lesión, interesa Vicente a Alex Ferguson. España va camino de convertirse en un país exportador. Para la selección, incluso puede ser bueno. Si hay futbolistas acomodados en la Liga que tengan espabilar fuera, pueden dar un mayor nivel competitivo a la hora de la verdad. Lo que está claro es que en Europa algo está cambiando. Hay Ligas vivas, que se mueven en todos los frentes. Esta semana, sin ir más lejos, la Premier ha lanzado una campaña de fomento de la lectura dirigida a los niños. El presidente de la liga inglesa afirmó que el objetivo es animar a las familias a que visiten su biblioteca local y lean más. Freddie Ljungberg, del Arsenal; Ryan Giggs, del Manchester United; John Terry, del Chelsea; Crhis Kirkland, del Liverpool y David James, del Manchester City son los nuevos iconos que impulsan esta labor pedagógica. Otro buen ejemplo.

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