León cae en Menorca al fundirse en la pista por falta de efectivos

El equipo acabó pidiendo a gritos que acabase el tiempo para minimizar el daño moral

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Carlos Frá - enviado especial | mahón
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León cayó de nuevo en Menorca en un partido en el que las nuevas desgracias le dejaron casi sin efectivos. Una lesión de Larragán se sumó a las conocidas y llevó a que cinco jugadores de León tuvieran que estar más de treinta minutos en la pista en un partido extenuante en el que el rival jugó con once y ninguno pasó de los 26 minutos. De entrada los dos técnicos repitieron los quintetos del primer encuentro pero el arranque fue muy diferente. A León le faltó el acierto anotador del jueves (desde el descanso sólo anotó seis canastas en juego de 22 intentos). Ya en el primer cuarto se quedó con un acierto en diez intentos de triples y con un Dani que sumó ni un punto en todo el partido: entre Panadero, algo Rivero y los americanos tuvieron que sumar todo. El Menorca apretó desde el inicio en defensa y aprovechó para correr mientras en el León sólo los americanos tenían la muñeca caliente. Los dos técnicos iniciaron pronto un carrusel de rápidas rotaciones porque el partido se aventuraba muy intenso y ahí llegó la desgracia con la lesión de Larragán que ya no volvió a jugar. En el arranque del segundo periodo el Menorca consiguió establecer una renta máxima de diez puntos (27-17) gracias a que toda la fortuna que le faltaba a León para anotar sí la tenían los jugadores locales, aunque cuando Jareño recuperó al quinteto inicial el marcador se apretó más. El nivel de acierto ya era más lógico y también el del rival, para peor, porque los de Jareño habían apretado los dientes en defensa. Panadero, con dos triples consecutivos, situó a León dos abajo (35-33). El poderío de Barnes en la pintura, tras buenas asistencias de sus compañeros, trajo los únicos empates de todo el partido al luminoso a falta de dos minutos para el descanso. En el banquillo leonés el enfado con el arbitraje era más que evidente y la mesa tampoco ayudaba con sus reiterados errores de la mesa y especialmente al dejar correr el reloj al final del cuarto cuando el Menorca había agotado una posesión. Una falta a Barnes no señalada en una bandeja impidió un resultado igualado al descanso. El rebote era local y el Menorca sacaba faltas a los pívots de León con sus capturas ofensivas. El arranque del tercer cuarto comenzó con polémica ya que Panadero quedó en el suelo por un codazo y el Menorca aprovechó para elevar la renta a nueve puntos (49-40). El extremeño tuvo muchos problemas para levantarse y sólo con la ayuda del médico y el fisioterapeuta pudo volver al banquillo haciendo gestos de que tenía la visión borrosa. Y las malas noticias continuaron con la tercera de Barnes en ataque. El encuentro vivía un momento clave y a León las adversidades le siguieron llegando con la tercera también para Dani, que tuvo que sentarse. Y las fuerzas empezaban a escasear, aunque el equipo seguía serio y era capaz de hacer la goma en el marcador, aunque sin conseguir ponerse nunca por delante, y la entrada de Martín endureció aún más las pinturas, en un partido de alta tensión porque había mucho en juego. Esa tensión llegaba a su clímax cuando un jugador visitante lanzaba tiros libres, porque la prensa local había aprovechado lo ocurrido al final del primer partido para incitar a la grada, que era un puro alarido. Y ahí se fue acabando todo, con un Menorca que fijaba nuevas máximas y que exprimía su banquillo. El equipo de Segura prefería la falta a la canasta -Barnes recibió 15 señaladas- porque lo de los tiros libres era un auténtico infierno y León tenía su tanteador literalmente atascado sumando como mucho un punto en cada jugada. El partido se les había ido de las manos a los árbitros y cada balón en la pintura acababa con un jugador dolorido en el suelo. Un triple de Alberto Miguel subió la renta a dieciséis (64-48) en el último minuto del tercer cuarto y llegó otra polémica al anular los árbitros un triple a Pedro Rivero porque hicieron caso al banquillo de Menorca, que al ver el resultado de la jugada alegó que había pedido un tiempo muerto. Y curiosamente todo esto sucedió cuando el equipo insular incluso ya había jugado un rápido contraataque tras el tiro de Pedro. En el periodo definitivo León pedía a gritos irse al vestuario. Una increíble antideportiva a Camps sólo sirvió para torpedear un partido en el que el tiempo fue pasando con un León fundido, que incluso dio tiempo a sus júnior. Ahora, sólo queda apelar a la épica para el Palacio este martes.

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