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MARTÍN
León

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EL GOZO en un pozo. La ilusión estaba puesta en llegar hasta el partido decisivo en Menorca. El sueño ya había tenido un alarmante despertar en el inicio de la eliminatoria. Aquel partido inicial perdido en Menorca por un solo punto de diferencia, con la victoria mandada al limbo cuando, con el cronómetro a cero, dos tiros libres hubieran sido, de haber sido transformados, el inicio, la señal, del posible buen retorno a la ACB. Se perdió dolorosa, increíblemente. Ahí se fraguó la decepción. Porque las estadísticas pocas veces fallan en Baloncesto, y si difícil es ganar a un mismo rival dos partidos seguidos, tres traspasa los límites de lo posible y se sitúa en la misma frontera de lo imposible. Cierto que existían antecedentes para abrir, hasta límites insospechados, la puerta a la credibilidad; pero la base, sobre la que se cimentaba la esperanza, resultó ser la excepción confirmadora de la regla. Para mayor dolor, se repitió la imagen negra ya vivida en dos anteriores ocasiones. El Menorca, como el Tenerife y el Bilbao, saltando de alegría sobre la pista del Palacio, mientras jugadores y afición -¡qué gran afición!- asistían entre incrédulos y abatidos al espectáculo. Un año más en la LEB. Como en la película de Garci, «Volver a empezar». Qué remedio queda... Cierto que es muy difícil llegar a la cima de la montaña. Cierto que son muchos los llamados y sólo dos los elegidos. Pero así está el sistema, así están las reglas de juego y a ellas hay que atenerse y por encima de ellas hay que lograrlo. ¡Aquel instante postrero del primer partido de la eliminatoria en Menorca!... Un instante que nos lleva un año más -y ya son muchos- a volver a navegar por las aguas frías de la LEB. Habrá que elevar el ánimo y, sin desmayar, volver a empezar... Los aficionados bien la merecen, por su fidelidad y constancia. Cuando las aguas bajan frías y turbias por las orillas cercanas del Bernesga, como a Bogart le quedaba París, siempre nos quedará Ademar. Hoy jugará la eliminatoria semifinal de la Copa del Rey frente al Barcelona, en tanto el Ciudad Real se enfrenta al Valladolid, después de despachar un mero entrenamiento ante el descendido Teucro. Con el equipo diezmado y dos de sus puntales, Kjelling y Colón -defensa y ataque- entre algodones. Una vez más a tratar de hacer carne de realidad el «Más difícil todavía». Otra vez a llevar el cántaro a la fuente con el evidente peligro de que se rompa. Pero así está el «tinglado» el Sorteo y la suerte. Curiosamente los sorteos son siempre desfavorables para los ademaristas... Barcelona y Ademar a dejar nuevos girones para llegar a la final. Y Ciudad Real, con ventaja teórica sobre el Valladolid por superior equipo y porque llega más fresco, esperando...

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