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Un constructor en el fútbol

El talant e conciliador del presidente de la Cultural se debilita para aguantar los puñales que se asoman para dejarle sin el sillón

Antonio García de Celis, presidente de la Cultural SAD

León

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Sus hijos, los que ahora se ocupan del negocio que creó, nunca han querido asomarse al mundo del fútbol. Jamás se les ha visto por el palco ni por los hoteles de concentración de la Cultural, el club y la sociedad que preside su padre. Antonio García de Celis se educó desde la infancia con una caldereta y una paleta en sus trabajadas manos. Hizo de la construcción su oficio de por vida. Se empeñó en no ser uno más. Quiso y quiere ser persona por encima del ambicioso proyecto constructor que se labró. No esconde de dónde viene y cuáles son sus raíces. «Yo, de si un entrenador o un jugador es bueno o malo no entiendo demasiado, pero nada más que veo a un albañil sé si me lo debo llevar para mi obra o no», reconoce abiertamente. Este carácter de empresario hecho a sí mismo y de carácter cordial, conciliador hasta en los momentos más difíciles, es su peor enemigo. No ve maldades donde las hay, no se siente pisoteado cuando la huella en su zapato dice lo contrario. La humanidad del presidente de la Cultural le pierde. No es que sea un defecto, sino una virtud por su parte, que algunos utilizan para moverle la silla, en este caso el sillón presidencial. No corren los mejores momentos en el seno interno de la Cultural. Hay carreras por tomar el mando de una sociedad que pierde accionistas en cada ampliación. De Celis sabrá empuñar la paleta de sus éxitos como constructor.

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