Ronaldinho: «La alegría que me da el Barça no tieneprecio»

El astro brasileño no oculta su felicidad por haber renovado con el club culé hasta el año 2010

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Sergi Olego - barcelona
León

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Se presentó 25 minutos después de la hora prevista. Su eterna sonrisa le volvía a delatar. Estaba radiante tras haber firmado la noche del miércoles la prolongación de su relación contractual con el Barcelona hasta junio de 2010. Sus sensaciones eran palpables a leguas. «La alegría y la felicidad que me da el Barça no tienen precio. Aquí no me falta de nada. No me imagino lejos del Camp Nou», sentenció Ronaldinho ayer en la sala de prensa del Camp Nou. Para el brasileño, que ve aumentada su cláusula de rescisión a 125 millones de euros fijos hasta el fin de su contrato como azulgrana, esta renovación cambia muy pocas cosas. «Seguiré siendo el mismo de siempre. La única diferencia es que ahora tengo un contrato más largo», dijo. Ronaldinho no quiso adentrarse en caminos dubitativos. Se apartó en todo momento de cuestiones económicas. No polemizó sobre la duración de su contrato e insistió que, a pesar de haber recibido alguna oferta, su deseo era quedarse. Bajo este prisma de diplomacia absoluta transcurrió toda la comparecencia. «Tenía dos opciones, el 2010 o el 2014, y al final acordamos hasta el 2010, que era perfecto para las dos partes» o «yo tampoco sé por qué se ha retrasado tanto la firma del contrato, yo quería quedarme y el club que me quedara», fueron algunas de sus manifestaciones. Un clima de amor mutuo en el que a Ronaldinho parecen no importarle los detalles económicos. «Yo me dedico a jugar a fútbol. De los otros temas se encargan mi madre y mi hermano», afirmó. Pese a la tardanza en firmar la renovación, el brasileño nunca temió por su futuro como azulgrana. Una idea que, según Ronaldinho, surgió de forma natural. «Era interés de las dos partes. Una vez hablé con el corazón y dije que si me pedían que firmara por 10 años lo haría. Y a partir de aquí se empezó a mover todo», explicó. Un proceso que ni tan siquiera se detuvo cuando Sandro Rosell, el artífice de su llegada a Barcelona, abandonó la directiva azulgrana por discrepancias con Laporta. «Nunca dije que me iría si él se fuese. Mi amistad con él sigue siendo la misma, pero cada uno sigue su vida y espero que le vaya muy bien.

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