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MARRO
León

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COLUMNA con espíritu crítico e independiente. Pero no en presuntuosa actitud vigilante de conciencia crítica o algo así; ni catizamente -cazurramente- yendo de mosca cojonera o de pepito grillo. Y menos aún ejercer de cainita: deplorable cainismo luchísticoleonés. Nuestra independencia, reforzada por el distanciamiento geográfico, posibilita y aporta otras perspectivas. Y lo que depara tal observación desde la distancia - la diáspora- son unos pasos demasiado tibios, como medrosos¿ Cuando no verdadero estancamiento, e incluso retroceso en algunos frentes, que acaba por hacer buenos a los antecesores federativos. Sota/caballo/rey, más de lo mismo y los mismos problemas sin resolverse¿ o agudizándose. Arrancamos con algunas «perlas» trufadas de interrogantes alucheros ¿por qué cada vez se inscriben menos luchadores en los corros? Se está llegando a obtener premio venciendo a un solo rival e incluso a ninguno (esperpento puro) en algún caso. ¿Herencia recibida¿? Tal como hemos venido temiendo y apercibiendo desde hace mucho, solo van a quedar los ganapremios/ganasiempre. ¿Por qué en agosto del año pasado 17 corros y en este solamente 14? ¿Renedo, Villabalter, Sopeña, Vegaquemada, Lorenzana¿? Quién iba a decir años atrás que llegasen a quedar libres 2 sábados ¡en agosto! ¿Se ha analizado la estadística y las posibles causas del desvío en negativo? Por no hablar ya de la lucha base -paupérrimo calendario e inédita competición? Se funciona (es un decir) por rutina y por inercia, sobremanera en puesta en escena a golpe del costumbrista aluche de la boina; ósea «a gorrazos». Más incógnitas dignas de análisis y medidas ¿por qué desaparecen de los corros tantos luchadores de una temporada para otra? E incluso en el transcurso de la propia temporada ¿Por qué abandonan tantos la práctica de la L.L.? ¿Por qué se trata de ocultar no ya sólo la estadística de las lesiones, sino lo mucho que amedrenta el riesgo tan evidente de lesionarse, el temor a la vista de los percances de tantos¿? ¿Cómo es posible tanta insensibilidad -y/o pasotismo- a la hora de plantearse (y plantarse), con seriedad y rigor, la prevención y cobertura de lesiones? Velando por la integridad física de los luchadores, al tiempo que frenando el chorro de retiradas y diserciones que propician estos temores, esta psicosis de riesgos de lesionarse. Temores¿ y evidencias. Siguen los premios desorbitados (cuasiprofesionales para un deporte amateur), por enfrentarse a una media de 3 ó 4 rivales: 5 ó 6 minutos de intervención. Sigue el compadreo (aluchero) de inscripción y pesaje sobre la marcha del desarrollo del corro; aunque se llegue con retraso, no importa, nunca se cierra la inscripción del todo: en plan compadre puedes inscribirte en la categoría inmediata aunque no corresponda a tu peso. Hace un montón de años se cerraba la inscripción para todas las categorías 15 minutos antes del comienzo del corro, que es lo racional y que evita el pésimo efecto de inscribir y pesar en plena competición. Como la omisión megafónica del peso de cada pareja en cada combate: es indispensable conocer el peso de quienes están luchando en cada momento. Otra cuestión ¿y con la Universidad, qué¿? ¿lo de siempre, osea nada? Lo difícil es seleccionar entre tantas «perlas alucheras»; del aluche de la boina: arcaico, caduco y subdesarrollado. Aunque sea a costa del (aluchero) talante, más talento (luchístico). Compromiso intelectual obliga. Salto cualitativo -de calidad-, a todos los niveles y en todos los órdenes. Y a la vez salto cuantitativo, de cantidad: de luchadores -¡cantera!- y de competiciones (sobremanera de base y de variantes universales/olímpicas). Una política de gestión renovadora y posibilista. «Desarrollo sostenible». Tratamos de ser directos y transparentes, pero huyendo de las descalificaciones absolutas. O al menos tratamos de evitar el descalificar por descalificar. Más bien descalificar argumentando, en aras de esa transparencia que invocamos. Y que, en cazurro, cada palo aguante su vela ¿sólo lisonjas y ningún «mordisco», nadando siempre a favor de corriente¿? Pues desde este observatorio neutral e independiente, mejor perro solitario (algo mordedor) que perro de jauría (domesticado y solo ladrador). Entre tanto y desde esa soledad -independencia- canina, siempre cabrá agarrarse desdeñosamente a los versos atribuidos al ariscado P. Isla, precisamente oriundo de la luchística Ribera del Esla (Vidanes): « A un mastín por más que fiero/ le ladran los cocodrilos/ que entre saltos y brinquillos/ le andan lamiendo el trasero. Y él, sin mostrarse severo/ y sin ponerse mohino/ al ver aquella jauría/ de perros que le rodean/ alza una pata, les mea/ y prosigue su camino».

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