España vuelve a agarrarse al purgatorio de la repesca para poder clasificarse
España se albergó en el purgatorio de la repesca para terminar de enmendar los altibajos de un gris transitar por la fase de clasificación y agotar sus posibilidades mundialistas, las únicas ya para agarrarse al tren de Alemania 2006 y alimentar la estancia del fútbol hispano en las grandes citas. La selección española, que a lo largo de su historia sólo se ha privado de los acontecimientos de 1930, 1938, 1954, 1958, 1970 y 1974 y que en las siete últimas ediciones siempre ha estado en el Mundial, se reencontrará con las angustiosas sensaciones de la repesca. Un todo o nada que ya padeció, y rentabilizó, para ganarse su derecho a disputar la última Eurocopa, la de Portugal 2004. Entonces España, dirigida por Iñaki Saez, tuvo un oscuro peregrinaje por la ronda previa al torneo continental. No ejecutó sus deberes en un grupo que le situó junto a Grecia, Armenia, Irlanda del Norte y Ucrania. Y tal como ahora, llegó a la última jornada a la espera de un milagro. La selección española transitó por una fase de clasificación condicionada por la derrota en Zaragoza ante Grecia (0-1) y un empate sin goles en Belfast. Llegó al partido final suspirando por una heroicidad norirlandesa en Atenas mientras ganaba a Armenia. Igual que en esta ocasión, el cuadro heleno como ahora el balcánico, no desperdiciaron su ocasión. Solventaron sus compromisos y nos condenaron a reválida. La selección reeditará las angustias de antaño. La tensión de una última oportunidad. Las que padeció en el duelo frente a Noruega, una selección, por cierto, a la que podría volver a encontrarse si el sorteo del viernes así lo dictamina. Entonces España no se sosegó hasta el último suspiro. Dejó en el aire su clasificación después de ganar en Valencia por 2-1 gracias a un autogol noruego. Después, en Oslo, los tantos de Raúl, Vicente y Joseba Etxeberria, sellaron definitivamente y de manera contundente la presencia hispana en la Eurocopa.