Diario de León

Un histórico triunfo del Villarreal en Lisboa lo sitúa líder de su grupo (0-1)

El fútbol metódico y la paciencia acabaron con un Benfica bien plantado y ordenado

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colpisa | lisboa

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Un disparo lejanísimo de Marcos Senna que se comió Nereu, el tercer portero del Benfica, dio un triunfo histórico al Villarreal en feudo de todo un bicampeón de Europa, aunque venido a menos, y acercó a los amarillos a octavos de final de la Champions. De momento se colocan líderes del grupo D. No hizo un gran partido el submarino amarillo pero sí fue fiel a su estilo, a una idea de fútbol. Nunca perdió la concentración, siempre jugó con pausa, jamás se volvió loco aunque necesitaba los puntos, y esperó su momento para noquear al rival. Con tres puntos más (debe rendir visita al mítico Old Trafford y recibir al Lille) se garantizará la clasificación. Fue el duelo del respeto entre dos equipos bien plantados, ordenados, con buen gusto en el trato del balón y muy pendientes de no fallar en esos detalles, como el grave error de Nereu, que al final deciden los duelos equilibrados. Ocurrió, además, que en un grupo igualadísimo tanto el Benfica como el Villarreal se presentaron en el majestuoso estadio La Luz, sede de la final de la pasada Eurocopa, con enorme miedo a perder sus opciones de clasificación. Koeman y Pellegrini, tanto monta, monta tanto, plantearon el choque como una partida de ajedrez. Parecía que su obsesión era no cometer errores que abrieran vías de penetración al rival. El conjunto español llevó la iniciativa en el arranque, quiso jugar al pausado pero inteligente ritmo que marca Riquelme, pero anduvo muy pendiente de no descuidar su defensa. Tocaba bien, pero le faltaba llegar. Con dos estiletes como Simao y Geovanni, el Benfica prefería desplegarse al contragolpe. Ciertamente, poco ocurrió en la primera mitad dentro de las áreas. En la local, sólo hubo incertidumbre tras una buena combinación entre Josico y José Mari a la que no llegó por muy poco el móvil Forlán, quien se retiraría lesionado en los primeros minutos de la segunda mitad. Y el Villarreal sólo tembló cuando el guardameta argentino Barbosa cometió una frivolidad, se alejó de su zona, perdió el balón y permitió que Geovanni disparase a puerta vacía, afortunadamente mal. El panorama se complicaba para el submarino amarillo en la segunda mitad. Porque el Benfica metió una marcha más al duelo y salió más presionante, porque el Villarreal acusó el desgaste por el enorme esfuerzo realizado para empatar con diez ante el Atlético y por la lesión de Forlán, básico en este equipo. Ahora, los lisboetas dominaban y los castellonenses contragolpeaban. Tocaba trabajar y sufrir. Menos mal que el juez de línea vio uno de esos fueras de juego por centímetros y acertó en el gol anulado a Nuno Gomes. Más clara fue la posición antirreglamentaria de Figueroa en el tanto anulado al Villarreal poco después. Y cuando los visitantes firmaban incluso el empate, Senna se sacó un zapatazo casi desde su casa y el novel guardameta no reaccionó. Ni los seis minutos de descuento, ni la inseguridad de Barbosa, desconcertaron al Villarreal.

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