Diario de León

León defendió, arrasó y se diluyó Bulfoni lideró la anotación con su variedad de recursos La decena como barrera psicológica

El equipo de Aranzana desarboló al Farho Gijón en tres minutos y se dedicó a vivir de las rentas

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Carlos Frá - león c.f. | león
León

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Baloncesto León sumó ayer su noveno triunfo de la temporada y sigue abriendo brecha con sus perseguidos. Esa es la primera conclusión del partido de anoche. Y lo hizo en un partido con sensaciones dispares. Lo bordó durante los minutos iniciales, hasta el punto de que en tres minutos y medio ganaba por un inapelable 15-5. Fue un primer cuarto para ver reiteradamente en el vídeo, con un equipo bien centrado atrás, que jugaba de memoria como una auténtica máquina demoledora, y con un ataque ágil que le permitió sumar 33 puntos en diez minutos. El Gijón estaba totalmente desarbolado y todo apuntaba a que se llegaría a un resultado de escándalo. La única nota negativa de este periodo eran las tres faltas en otras tantas jugadas consecutivas que los árbitros dijeron que había cometido Higgins, y que le enviaron al banquillo. León ofreció todo un recital y los tapones permitían al equipo correr, para que Bernabé facilitase las canastas bajo el aro a sus compañeros. En el segundo cuarto el Gijón recordó que en esto del baloncesto es necesario defender. Y salió a presionar a los rivales al máximo, y con el objetivo de que León ya no pudiese correr los contraataques. Al principio no le sirvió de mucho y León aún apuró una renta máxima de 25 puntos (43-18), pero a los tres minutos las cosas empezaron a cambiar. León se atascó y el rival consiguió un parcial de 7-18 en lo que restaba de cuarto con triples de Jasen e Iturbe, y un Koffi que hacía lo que podía ante los pívots locales. Aranzana movía el banquillo e intentaba que su equipo retomase el pulso al partido, pero el Gijón se lo estaba empezando a creer. El tercer periodo arrancó con un triple de Poves que dejaba la ventaja en once puntos (50-39). A León se le incrementaban los problemas y los árbitros no ayudaron precisamente cargando con tres faltas a Mills y a Dani García, con la cuarta a Higgins, y con otras tres a Barnes. Panadero se había ido al vestuario con un fuerte codazo que le hizo sangrar por la boca. Con ese panorama el Gijón se iba a la línea de tiros libres pero dilapidaba sus opciones con un nivel de eficacia de un 50%, aunque poco a poco llegó a ponerse a diez (64-54). Era su mejor momento y ahí surgió Barnes para colocar en el último minuto un parcial de 4-0 que otorga oxígeno a los locales. Ese punto de inflexión de los diez puntos fue el mejor atisbo de remontada que hizo el Gijón. En el último cuarto León volvió a crecer en defensa y empezó a jugar con el tiempo para recuperar paulatinamente su ventaja. El rival no tiraba la toalla pero la seriedad del equipo de Aranzana le permitía seguir jugando con su renta con tranquilidad, aunque el aro repelía el aro reiteradamente. Los minutos iban pasando y los gestos serios se iban relajando porque la victoria estaba asegurada, pero tanto tiempo de juego mediocre habían pasado factura y no había excesiva euforia en una grada, que con el reloj a cero sí premió el esfuerzo realizado. En un partido de sensaciones tan variadas hubo un elemento que fue clave para que el Gijón no terminase de creérselo. Nunca consiguió rebajar la barrera de los diez puntos de diferencia. Desde el 15-5 inicial hasta el 64-54 pasaron muchas cosas, pero esa fue la mejor marca alcanzada por un equipo asturiano que saca mucho provecho a una plantilla humilde, con varios jugadores comunitarios, que dejaron claro que aunque su caché no sea elevado, sí son muy versátiles y con un tiro exterior notable. Bidelow sumó tres de tres en triples y Jasen dos de tres, para sumar en total en el equipo un total de ocho. Tras la derrota de ayer seguirán en posición de play-out pero si no cometen el error de inicio de ayer deberían salvar la categoría.

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