| Reportaje | Crisis en la casa blanca |

Quinta víctima del presidencialismo

El modelo planteado por Florentino Pérez está definivamente peleado con los banquillos

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Ignacio Tylkoa - madrid
León

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El proceso seguido con Vanderlei Luxemburgo confirma que el modelo presidencialista de Florentino Pérez está definitivamente peleado con los banquillos. Su imagen es más mesurada, políticamente correcta, pero los hechos dicen que actúa al más puro estilo del primer Jesús Gil. En poco más de un año, el Madrid va a conocer a cuatro preparadores. El club blanco no levanta cabeza desde la polémica marcha de Vicente del Bosque, defenestrado en juicio de 2003 porque, a juicio del máximo mandatario, no estaba actualizado. Después de tres años junto a él, entendía Pérez que el método del abnegado trabajador de la casa no concordaba con el proceso de universalización del Real Madrid del marketing, la imagen y la galaxia. Al salmantino le avalaban, empero, dos Ligas, una Copa de Europa, una Intercontinental, una Supercopa de Europa y otra de España. Pero sobre todo contaba con el cariño de la plantilla, a la que sabía manejar como un padre, y el respeto de una afición que destacaba sus éxitos e indiscutible madridismo. Tras destituir al laureado técnico charro, Florentino Pérez, aconsejado por Jorge Valdano, entonces su mano derecha para asuntos deportivos, confió en el ''librillo moderno' del portugués Carlos Queiroz. Llegó al Real Madrid con el bagaje de ser el fiel escudero de Fergusson en el Manchester y haber dirigido a las selecciones inferiores de Portugal y a combinados nacionales menores como los Emiratos Árabes o Suráfrica. Políglota, educado y con excelente imagen, comenzó bien, ganó ese verano de 2003 la Supercopa al Mallorca, pero echó todo por tierra en dos meses últimos caóticos. Le faltó mano dura. Permitió, entre otras muchas cosas, los mil viajes de Bekcham a Londres y el exceso de peso de Ronaldo. Para arreglar el desaguisado -Queiroz fue destituido en mayo de 2004 y regresó a Old Trafford-, el presidente recurrió a Camacho, su viejo sueño. Fue una apuesta personal del presidente que derivó en la dimisión de Valdano, defensor de la opción Víctor Fernández. La casta, la personalidad y el madridismo del ex seleccionador nacional y sus éxitos en el Benfica parecían garantías suficientes para el triunfo del ciezano en su casa. Camacho forzó la continuidad de Roberto Carlos y de Morientes, aceptó a Walter Samuel y Owen, y desechó la posibilidad de fichar a Xabi Alonso. Trató de imponer disciplina, pero su falta de mano izquierda generó un cisma entre él y su plantilla. Tras arrancar la 'Champions' con un 3-0 adverso en Liverkusen y perder en Montjuic, abandonó en el regreso desde la Ciudad Condal. La cúpula le reprochó haber jugado con el patrimonio al prescindir de Beckham. Camacho dimitió Septiembre de 2004. Temporada recién comenzada y todos los técnicos grandes ya con equipo. Florentino tuvo que improvisar y tiró de Mariano García Remón, el recomendado por Camacho, con el que se había convertido en el tercer entrenador. Ya conocía la plantilla desde la gira asiática. Su primer mensaje a los futbolistas fue tan sincero como sintomático: «Estamos juntos en esto. No he ganado nada y necesito que me ayudéis». Pérez confiaba en el triunfo de un perfil a medio camino entre Del Bosque y Camacho, de un tipo criado en la 'casa blanca'. Se marchó tres meses después tras haber clasificado a duras penas al equipo para la siguiente fase de 'Champions' y distanciarse en Liga a 13 puntos del Barça. A partir de ese momento, del 30 de diciembre del año pasado, Luxemburgo, campeón con el Palmeiras, el Corinthians y el Santos y de la Copa América con la selección brasileña, tomó la palabra. Encadenó en un espectacular arranque siete victorias consecutivas y nueve partidos sin perder, pero nunca se ganó el respaldo pleno de la afición... ni del presidente.

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