Un lustro de magia y fantasía (3-3)

Zidane se despidió con un gol y con lágrimas en los ojos de un Bernabeú rendido a sus pies

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Ignacio Tylko - madrid
León

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Zidane confesó a sus íntimos que le resultó más difícil afrontar su despedida en el Bernabéu que la final de la Copa del Mundo que midió a Francia y Brasil en 1998. El sentido homenaje de más 75.000 almas pone los nervios a flor de piel de cualquiera, y más si se trata de un tipo tan reservado como 'Zizou', que por primera vez se vio apoyado desde la grada merengue por su familia al completo. El astro francés descendió, pensativo y cabizbajo, del autocar que transportó al Real Madrid a Chamartín. Ya comprobó que en los aledaños había más expectación de lo habitual. Habló unos instantes con Sergio Ramos y, seguido por Roberto Carlos y López Caro, se encaminó hacia el vestuario, la cocina secreta donde se fraguan los secretos del menú futbolístico. Antes, saludó con amabilidad a cuantos empleados del club encontró. En el interior del estadio, aún vacío, ya aparecía una gran pancarta en la que se podía leer: «Gracias, Zizou'. Luego, aparecerían otras leyendas, decenas de ellas, mientras los empleados cerraban todos los detalles de los agasajos. 'Zizou, viva la madre que te parió». «Lo siento, mamá, hoy es el día de Zidane», rezaba otro cartel. Este marsellés, de mirada profunda y gesto serio, salió a calentar a las 18,30 horas. Ya escuchó una atronadora ovación de los alrededor de 15.000 hinchas que, impacientes, aguardaban el arranque del choque. Por los videomarcadores comenzaba la proyección de imágenes de ayer, de hoy y de siempre, que rememoraban los mejores momentos de 'Yazid' vestido de blanco, sobre todo la volea de su vida en el Hampden Park de Glasgow. Los carteles de admiración empapelaban el Bernabéu. «Zidane, gracias por enseñarnos lo que es el fútbol», rezaba una pancarta. Otra, quizá más curiosa, se dirigía al colegiado Texeira Vitienes: «Árbitro, no pites el final, que Zidane se nos va». Ambos equipos saltan al césped. Los locales se suman a la colección de detalles presentan una camiseta especialmente diseñada para la ocasión. Bajo el escudo el club, aparece con letras bordadas «Zidane 2001-2006». Un gigantesco mosaico De pronto, los espectadores se levantan y forman un espectacular mosaico que cubre el estadio e ilustra la camiseta de Zidane con el '5'. El Bernabéu aparece más blanco que nunca, con una coreografía sin parangón hasta la fecha. Antes del pitido inicial, el Bernabéu premia a la estrella gala con una atronadora ovación que se prolonga durante un par de minutos. Tan cortado él, no sabe dónde meterse. Comienza el choque. El galo arde en deseos de expresarse con el balón, como mejor sabe. Se le nota bajo de forma pero sabe dosificarse y aparecer en el momento justo. A los 14 minutos, ejecuta un golpe franco y se luce Barbosa. Poco después, regala un gran pase a Raúl pero el madrileño lo desperdicia. Su mejor momento llega en la segunda mitad. Su equipo va por detrás en el marcador y está en problemas. Pero 'Zizou' adivina el gran centro de Beckham, aparece en el lugar y momento justos y cruza con la cabeza, lejos de Barbosa. Fiel a sus principios, siempre respetuoso, apenas lo celebra. Cuando Baptista firma el definitivo empate a tres, que deja a los merengues segundos, López Caro decide sustituirle. El Bernabéu vuelve a ovacionarle y él saluda con timidez mientras entra en el banquillo. Terminado al choque regresa al centro del campo, esta vez en camiseta interior, y recibe los últimos y sonoros aplausos de su afición, de sus compañeros y de sus rivales. Se introduce en los vestuarios secándose las lágrimas y el sudor, parece que con la camiseta de Riquelme. «Zizou, gracias por hacernos soñar», insisten desde la grada. «Di Stéfano, Pelé, Maradona y....Zidane».

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