| Crónica | Al sereno|
¿Dónde estás, «blass»?
El monstruo había desaparecido y la calma era absoluta en la superficie¿ pero tampoco se movía el agua con aletazos y carreras de peces grandes ni pequeños
agresivos cebos
Se llamaba Blak y había recorrido y visto tantos lugares en su río natal que lo suponía único. Cuando era alevín se divertía descubriendo ocultos rincones en compañía de muchos hermanos suyos que, siempre muy juntos, formando un pequeño banco, correteaban sin cesar buscando larvas y gusanos a los que sorprendían tragándoselos de un bocado. En ocasiones perseguían a renacuajos y pequeñas ranas, indefensos ante su grupo, que se revolucionaba tratando de alcanzarlos, formando remolinos y zig-zags para ver quiénes eran los más rápidos, logrando Blak ser uno de ellos, con lo que su boca siempre estaba activa y muchas veces llena. El bocado que lanzaba a sus presas era tan rápido, que ni él tenía tiempo de concretar de qué bicho se trataba, siempre que fuera algo que se moviera con rapidez. Su instinto le decía que todo ser en movimiento que estuviera a su alcance y que fuera de menor tamaño era comestible, y todo el grupo ensayaba compitiendo por ver quién comía más. Pero la placidez de los rincones perdidos resultaba a veces engañosa, y Blak había tenido que demostrar sus dotes de nadador escapando de otros peces con enormes bocas que aparecían de repente e intentaban tragárselos. Varios blasses hermanos suyos habían desaparecido, y por eso desconfiaban de todo lo que se moviese en el agua que fuera de mayor tamaño que ellos. Todavía tuvieron que aprender que también desde fuera del agua, por encima de sus pequeños y juguetones cuerpos, podía aparecer algún ser diferente, con aletas muy grandes que movía acompasadamente y descendía desde las alturas. Con dos palos muy delgados se clavaba sobre las encharcadas orillas y se quedaba quieto, observando su entorno. Los pequeños blasses que merodeaban cerca lo observaban con recelo, pero al ver que no efectuaba movimientos bruscos fueron confiándose y acercándose para ver a este bicho tan diferente. La curiosidad se imponía al miedo y poco a poco llegaron a estar casi debajo. La boca era muy larga y afilada y la mantenía cerrada. Sólo se movían muy despacito sus pequeños ojos. De repente, con un movimiento velocísimo, inclinó la cabeza con su larga y afilada boca y picoteó entre los confiados peces, que huyeron espantados convirtiendo el charco de la orilla en un lugar fangoso, tratando de esconderse entre las hierbas. El asustadísimo Blak observaba desde un rincón fuera de su alcance cómo cada vez que aquel ser sacaba el pico llevaba en él uno de sus queridos hermanos que hacía desaparecer en su interior. Allí perecieron varios de ellos, hasta que el monstruo de las aletas grandes comenzó de nuevo a agitarlas elevándose en el aire. Expansión Al mismo tiempo que aumentaba el tamaño de los supervivientes iba disminuyendo su número, y ya sólo formaban un pequeño grupo de individuos esquivos y desconfiados que procuraban estar escondidos entre el espesor de las plantas acuáticas, a la espera de conseguir su ración diaria de presas, que ya incluía pequeños alevines de otras especies, además de larvas, renacuajos, culebritas de agua, libélulas y, llegado el momento, grandes cantidades de huevas, depositadas por todos los habitantes del río en sus épocas de cría. Su voracidad se traducía en volumen. Blak fue observando que algunos alevines, gusarapas o moscas que se presentaban de improviso y que al principio había mordido instintivamente, le habían producido enormes pinchazos en su boca, dejándole heridas dolorosas, por lo que aprendió a distinguir a estas extrañas presas, evitándolas en lo posible. Varios compañeros habían desaparecido al no lograr desasirse de estos agresivos cebos. No obstante, el crecimiento fue rápido, y después de muchas vivencias sorteando peligros, consiguió, en unión todavía de varios de sus hermanos, ir conociendo a otros grupos y a ejemplares mayores, con costumbres más independientes, que los absorbieron en un gran cardumen para dirigirse a lugares escondidos de espesa vegetación y temperatura estable, donde permanecieron durante toda la época invernal sin apenas moverse, hasta el advenimiento de aguas más calidas y días soleados y largos. El comienzo de la primavera marcó el momento de despertar a otro mundo diferente, donde Blak ya formaba parte del cardumen de blasses adultos, que necesitaban pareja para hacer un nido donde depositar la hembra las huevas que fecundaría el macho y cuidarían ambos de su eclosión y defensa. Se arrimó a una hembra de otro grupo llamada Perca, que lo admitió sin resistencia, iniciando el viaje de su luna de miel en busca del rincón para ubicar el nido, al igual que todos los individuos del cardumen, que fueron desperdigándose a lo largo y ancho del gran río y sus mangas con la misma intención. Ahora todos estaban dispuestos a defender con su vida el rincón elegido, con su nido lleno de huevas y luego de pequeñísimos alevines, que no dejarán salir de su entorno hasta su independencia. Cualquier extraño, por grande que fuera, sería expulsado a dentelladas o engullido si cometiese la torpeza de acercarse a su nido o a sus recién nacidos, incluidos los ejemplares de su especie. Olvidarán incluso la desconfianza sobre ciertos cebos que causan dolor y heridas y no les importará morder a todo lo que se acerque a su casa. Muchos progenitores desaparecen mordiendo a estos intrusos, dejando pequeños bandos de alevines a merced de los demás depredadores y de los caníbales. Contracorriente Blak y Perca habían conseguido llevar a buen puerto a su pequeña camada y ahora se dedicaban a nutrirse después del esfuerzo realizado, uniéndose a algunos otros ejemplares en un pequeño bando, paseándose por una gran manga habitada por varios grupos de blasses , además de otros peces. En esas estaban cuando, al otro extremo de la manga apareció un voluminoso objeto flotando en la superficie, que se movía lentamente e introducía en el agua una especie de extraño palo que espantaba y paralizaba a todos los seres que se hallaban cerca de él, que eran recogidos por otro artefacto y desaparecían de inmediato. Blak y Perca con su grupo escaparon asustados en dirección contraria, iniciando una loca carrera hacia la corriente, que entraba en la manga por algunos regatos, el más pequeño de los cuales fue elegido por el grupo para escapar por él, refugiándose más arriba entre carrizas y espadañas donde apenas podía verse agua alguna, y quedando estáticos y ocultos hasta que llegó la noche y lentamente fueron regresando hacia la manga del río, entrando en ella con el recelo de quien ha visto en peligro su vida y esperando a que la luz del día les dejase ver lo ocurrido. El monstruo había desaparecido y la calma era absoluta en la superficie¿ pero tampoco se movía el agua con aletazos y carreras de peces grandes ni pequeños. La manga se había sumido en un silencio sepulcral, y el resto de compañeros blasses habían desaparecido también sin dejar mas rastro que algunos alevines muertos en el fondo, que servirían de alimento a los cangrejos. Tampoco se veían los peces de boca grande que tanto les perseguían, ni aquellos otros tranquilos y fuertes de color verdoso que no tenían miedo a nada. La manga había quedado desierta y ahora les tocaba de nuevo a Blak y a Perca con su pequeño grupo abandonar el lugar en busca de otro más seguro para poder subsistir. Desde entonces nadie ha visto de nuevo a Blak y a Perca en aquellos lugares, ni tampoco a sus descendientes. El monstruo de la gran barriga y palos electrocutantes había conseguido ejecutar su tarea a la perfección.