| Reportaje | El portero tunecino | DESDE COLONIA
Luis repite con el once de Ucrania en la vuelta a los entrenamientos Boumnijel, el abuelo paciente Un estadio con aroma español
España quiere sellar el lunes ante Túnez su pase a los octavos de final con otra victoria «La edad no importa si hay pasión y motivación», sostiene el jugador más veterano del certamen alemán y
La selección española comenzó a preparar el asalto a las Aguilas de Cartago, el segundo partido del Mundial contra Túnez, que se jugará lunes en Stuttgart, con una sesión en la que Luis Aragonés volvió a ensayar con el once titular que arrasó a Ucrania en el debut. Poco más de 48 horas después del brillante estreno en Leipzig contra Ucrania, de sellar con el 4-0 el mejor arranque de España en la historia de los mundiales, los pupilos de Luis Aragonés se volvieron a poner manos a la obra. El seleccionador tenía fijado en su planificación un día de descanso para sus pupilos, al margen de lo que sucediera en el Zentralstadion, y todos aprovecharon para oxigenarse y relajarse con sus familias durante unas horas en Dortmund, ciudad situada a unos 25 kilómetros de Kamen. Con las pilas recargadas, los internacionales españoles reanudaron los entrenamientos con una sesión vespertina, desarrollada bajo una temperatura mucho más baja que la que hubo hasta el partido de Leipzig. Y Luis Aragonés no esperó para, teóricamente, volver a mostrar sus cartas, así que trabajó, como antes de la contienda ante Ucrania, con dos grupos, uno integrado por el mismo once que venció al cuadro de Oleg Blokhin. Ante la mirada de Angel María Villar, presidente de la RFEF, el técnico español dispuso otra vez un ejercicio defensa-ataque en una portería, en el que Iker Casillas, Sergio Ramos, Pablo, Puyol, Pernía y Xabi Alonso desarrollaron la faceta de contención ante los ataques del quinteto integrado por Senna, Xavi, Torres, Luis García y Villa. Luis Aragonés hizo posteriormente el mismo trabajo con los jugadores que se sentaron en el banquillo, a los que siguió con la misma intensidad y exigencias. España rezuma buenas sensaciones y alegría por el exitoso estreno, pero también quiere respirar aires de calma, tranquilidad y sosiego. Este joven equipo de Luis Aragonés se ha aprendido bien la lección que ofrece la historia, el cuerpo técnico y los más veteranos. De nada vale la exhibición de Leipzig si no se rubrica, para empezar, ante Túnez y Arabia Saudí. Las manifestaciones de todos los componentes del equipo nacional mantienen la línea de la cautela, de la precaución y de la huida de la euforia, y aceptan obviamente con tremendo agrado los elogios unánimes llegados desde todo el mundo. Solamente se mira el partido del Gottlieb-Daimler Stadion de Stuttgart contra el equipo que dirige el francés Roger Lemerre, al que Luis Aragonés conoce muy bien después de haberle seguido in situ en la Copa de Africa de Naciones, en Egipto. Se nota, además, que España ha impresionado y que muchos ojos se centran ahora en la roja. La prensa internacional se fija con más atención en la actividad en Kamen, aunque se espera para más tarde una auténtica invasión si se cumplen los pronósticos y el equipo de Aragonés supera esta primera fase. España incluso podría certificar el lunes su clasificación como primera de grupo para los octavos de final si derrota a los tunecinos y Ucrania empata con Arabia. «La edad no importa. Me conozco bien. Siempre he tenido la misma pasión y motivación por el fútbol y eso no va cambiar». Lo asegura Alí Boumnijel, el guardameta titular de Túnez que, a sus 40 años, sigue adelante contra viento y marea y presume de ser el abuelo del Mundial. En el escalafón de los más veteranos en estas grandes citas sólo le superan cuatro leyendas: otros tres porteros -el irlandés Pat Jennings, el italiano Dino Zoff y el inglés Peter Shilton- y, por supuesto, el incombustible ariete camerunés Roger Milla. «Llegar hasta aquí es un sueño de mi infancia. Ahora, sólo pienso en que Túnez mejore y supere por vez primera la fase inicial», confiesa. Un mito en su país y con tres certámenes universales a sus espaldas, aunque en Francia'98 no llegó a jugar, Boumnijel podría ser el padre del inglés Theo Walcott, el benjamín de Alemania con sólo 17 años. Un niño que ya ha hecho historia al ser convocado por Eriksson sin haber debutado en la Premier con el Arsenal, que pagó 15 millones Aunque no quiere dejarse intimidar por el recital español ante Ucrania, Boumnijel asume que mucho deben de mejorar los tunecinos si quieren poner en dificultades a la selección de Luis Aragonés, el próximo lunes en Stuttgart. «España tiene un equipo rápido y potente en todas sus líneas, que combina técnica y fuerza. Si queremos sorprenderles, hay que corregir los errores mostrados ante Arabia Saudí y ser mucho más agresivos», subraya. Feliz en la «agradable» concentración de Schweinfurt, localidad a unos 150 kilómetros de Francfort, no deja de impresionarse con el «fenómeno de acercamiento entre los pueblos alrededor de un balón» que representa un Mundial. «Esta convergencia, esta pasión, es algo que sólo puede lograr el fútbol porque es un deporte universal», reflexiona. Como la mayor parte de internacionales tunecinos, Alí Boumnijel desarrolló la mayor parte de su carrera profesional en Francia. LA FURIA del arranque de España en el Mundial catapultó a la selección a la categoría de favorito entre el olimpo mundialista y llegó el momento de buscar el estadio con más aroma español para la Alemania 2006. ¿Cuál? El de Colonia, por supuesto, es el más ligado a España entre los doce del Mundial y el único capaz de llenar las 44.700 plazas de su graderío con hinchada autóctona española, entre residentes de la ciudad y del vecindario de la Cuenca del Ruhr. La estación de Colonia-Deutz fue el primer destino de la mayoría de los 500.000 inmigrantes españoles que, entre 1961 y 1973, llegaron a Alemania en trenes especiales, con un contrato y una maleta de cartón. Los Alfredo Landa del «Vente a Alemania, Pepe» regresaron a casa a más tardar con la jubilación; del medio millón de inmigrantes españoles de entonces, entre toda Alemania, se pasó a apenas 124.000, según el censo consular de 2004. Aún así: ¿sería posible llenar un graderío del Mundial con personal residente en Colonia y aledaños, sin tener que recurrir a costosos desplazamientos de afición desde España ni tampoco a hinchada rival? Matemáticamente, sí. La parte del león de la inmigración llegada a Deutz se quedó entonces en la Cuenca del Ruhr, con unos 200.000, cifra que entretanto encogió hasta rondar los 40.000 actuales, más un número indeterminado de población rodante y universitarios. ¿Significaría ello que el estadio del Mundial se vería poblado por columnas de inmigrantes españoles como los llegados a Deutz en los 60 y 70, sólo que con varias décadas encima, o sus hijos o nietos? Más bien no. Los internacionales de Aragonés representan a una generación joven, de la misma manera que los españoles en Alemania, hoy, no son ya inmigrantes en busca de trabajo, sino profesionales libres y otras capas sociales, sin olvidar a los estudiantes. España no disputará sus partidos de la primera ronda en Colonia -tras el de Leipzig contra Ucrania se pasará al de Stuttgart, para el partido contra Túnez, y al de Kaiserslautern, contra Arabia Saudí-. La primera cita posible de España con Colonia sería en octavos de final, caso de que la selección de Luis Aragonés quede segunda del grupo H. La posibilidad de ser segundo tras la goleada por 4-0 suena a poco, claro está, pero tampoco se le haría ascos o incluso parecería favorable, en función de quién sea el rival del grupo G.