Una afición de primera
Siete mil personas ejercieron ayer de jugador 12 llevando en volandas al equipo los 90 minutos
Nunca el Toralín se había vestido de galas semejantes. Pero ayer la ocasión lo merecía. En juego, el último peldaño a un ascenso a Segunda que durante tanto tiempo han soñado los miles de aficionados de todas las edades, que ayer poblaron las gradas de un estadio en el que no cabían más almas. Ya una hora antes del choque la afición fue llegando en masa al campo. Ataviada con banderas, camisetas del equipo y mucha ilusión, sus ánimos fueron el mejor aliado de un equipo que fue recibido con los sones de una canción tradicional y emblema del Bierzo, «A Ponferrada me voy». Sus sones fueron tarareados al unísono por los siete mil aficionados que no quisieron perderse una jornada histórica. Pero los ánimos no se quedaron ahí. Otros sones como el «A por ellos» y el himno de la Deportiva llenaron de vitalidad un ambiente que, sin duda alguna, sí respondió a los deseos de la directiva blanquiazul de lograr que el jugador número 12 se hiciera presente a lo largo y ancho de todo el choque. Las pancartas también reflejaron el apoyo que los aficionados profesar por el club y el esfuerzo de unos jugadores que están a las puertas de Segunda División. Una bandera de la Liga de Fútbol Profesional colocada en el Fondo Norte en la que aparece el mapa de España y la localización de Ponferrada, el «Sí sí sí, vamos a subir» o el «Opá vamo a Segunda, Opá el Alicante al corrá» compartieron protagonismo con otras que reivindicaban la continuidad de uno de los estandartes deportivistas, Uriz. El humo azul y blanco en el Fondo Sur fue otro de los ingredientes que convirtieron el Toralín en una fiesta y en el mejor ingrediente para que el equipo se encontrara cómodo y arropado para alcanzar una gesta deportiva al alcance de pocos. Y todo, con la tradicional ola y los saltos multitudinarios de una afición que desde el primer minuto hasta el último demostró ser de primera para un club que aspira a convertirse de Segunda División en siete días. Hasta el palco, ayer repleto de representantes políticos, sociales, deportivos y económicos vivió con intensidad un encuentro en el que todos se encuentran implicados. Y como no podía ser de otra cosa, el equipo respondió como mejor sabe, jugando y demostrando que sabe, quiere y puede.