Diario de León

La Deportiva tropieza otra vez con la misma piedra del descuento (1-1)

Ribera adelantó a los bercianos de penalti y Marcos igualó cuando pasaban tres minutos Fernández García se mostró a la altura con un arbitraje correcto

Toñín, en el suelo, y Fran, tratan de salvar la oposición de Tito

Toñín, en el suelo, y Fran, tratan de salvar la oposición de Tito

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Ramón Díez - ponferrada
Ponferrada

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La Sociedad Deportiva Ponferradina tendrá que esperar una semana para conocer su futuro. Y todo porque ayer en el último suspiro se le esfumó la mínima renta que había proporcionado el tanto conseguido por Diego Ribera desde los once metros. Cuando ya se daba por hecha la victoria, un cabezazo de Marcos Estruch sorprendió a Rubio y el balón se coló junto al palo para desesperación del respetable. Fue un duro castigo que complica las cosas para la vuelta porque ahora la Deportiva está obligada a marcar un gol en el Rico Pérez. Otra vez un tanto en el descuento, como sucediera hace un año contra el Alcalá deja al cuadro berciano tocado pero vivo, algo que por desgracia no ocurrió el año anterior. De salida el Alicante salió al campo con voluntad de ejercer el control y tener el balón en su poder. Lo consiguió en esos primeros compases porque la Deportiva no presentaba un equipo preparado para hilvanar en la medular. Gorka Soria y Alberto García son dos futbolistas de corte defensivo más preparados para destruir que para crear y allí Mantecón y Tito llevaban clara ventaja en ese aspecto. Con todo, el mayor peligro de los alicantinos llegó a través de tres lanzamientos desde la esquina casi de forma consecutiva que pusieron el corazón de los aficionados locales en un puño. Los locales no enseñaron las garras hasta pasado el cuarto de hora cuando Asier Salcedo cabalgó sobre la banda y sirvió al corazón del área donde Diego Ribera se hizo un hueco para disparar casi sin ángulo, rebotando el cuero en un defensor visitante. Después el choque se niveló en cuanto al dominio territorial y la Deportiva se fue acercando a los dominios de Chema aunque sin sensación de peligro claro. Rubén Vega y Diego Ribera buscaron centros que no encontraban rematador, igual que Fran y Toñín por el costado diestro. En una de esas acciones, Toñín remata con la testa y el cuero tropieza contra el brazo de Edu Albácar, aunque el árbitro no entiende la acción como voluntaria por parte del zaguero y acierta. Conforme pasaban los minutos el choque fue decayendo en cuanto a intensidad. Los bercianos tenían el control y los alicantinos parecían sentirse cómodos en su papel, dejando todas sus opciones en alguna contra llevada por el peligroso Sendoa o Álvaro en la otra banda. Mientras tanto, la Deportiva aguardaba la oportunidad de una falta próxima al área visitante para hacer valer la estrategia que tan excelentes resultados le proporcionó contra Universidad de Las Palmas. Ribera botó un par de golpes francos pero no encontró a nadie para finalizar la jugada. El público coreó con inusitada expectación, a falta de mayores atracciones, la señalización de un golpe franco lejano y perpendicular al área de Chema que hizo recordar a más de uno los lanzamientos de Asier Salcedo contra los canarios que le dieron la vuelta al partido. Pero en esta ocasión se veía claro que la muralla humana del Alicante, conocedora de lo que había ocurrido quince días antes, se colocó muy cerca de la pelota. Asier tampoco insistió demasiado en pedir distancia al colegiado asturiano y su disparo se estrelló contra los oponentes. Demasiadas precauciones El partido empezó caliente, con el público excitado después de los cánticos del principio. Todos esperaban mucho de un encuentro que se presentaba apasionante pero la primera mitad no pasará a la historia por la calidad del fútbol que se pudo presenciar. Demasiado respeto, excesiva tensión, mucha preocupación porque el enemigo no se adelantara en el marcador. Daba la impresión de que ambos contendientes veían con buenos ojos la igualada inicial. Después de todo, ya se conoce la teoría de Pichi Lucas sobre el 0-0 que no pudo practicar contra los canarios porque éstos rompieron la igualada inicial. Pichi sostiene que no es mal resultado para ir fuera porque confía en que su equipo marque a domicilio como hizo en Las Palmas. De cualquier forma, con 7.000 personas en la grada parecía incongruente no apretar el acelerador, si bien quedaban cuarenta y cinco minutos por delante y tampoco era cuestión de acelerarse. Así se fueron todos a los vestuarios y así regresaron del mismo. Empezó el segundo tiempo con el Alicante satisfecho tocando el balón. Eso duró escasamente cinco minutos, hasta que Chupri, el héroe inesperado del partido contra los canarios, cabalgó hacia el interior del área alicantina y se zafó de un defensor hasta que llegó el espigado Salva y se lo llevó por delante con el árbitro a un palmo. Penalti sin paliativos que la grada festejó por todo lo alto. Diego Ribera, el hombre de hielo, el xiquet del Turia, se fue hacia los once metros y colocó el balón mientras todo el estadio contenía la respiración quizá recordando en la retina aquel otro de Rubén Vega hace ahora un año contra el Alcalá. Pero al final se rompió la tensión cuando el valenciano fusiló por el centro a Chema y todo el graderío estalló al unísono. Lo más difícil ya estaba hecho porque ahora el Alicante ya no podría jugar con la misma parsimonia. Felipe tenía que adelantar líneas y eso era sinónimo de dejar espacios para los contragolpes locales que podrían terminar por romper el partido. El público convirtió la contienda en una fiesta y la ola inundó el Toralín con el único obstáculo del sector ocupado por la afición alicantina que no estaba para chapuzones. El Alicante creó peligro pero no probó a Rubio. Edu Albácar, el lateral zurdo que tiene un excelente golpeo de balón probó la larga distancia tras una rigurosa falta de Diego Ribera que además le costó una cartulina. Pero la Deportiva vio que el choque estaba propicio para la sentencia y la buscó en una doble acción que no acabaron en gol de verdadero milagro. Primero Ribera hizo un cambio de juego magistral sobre la izquierda donde irrumpió Salcedo para lanzar un misil que acarició la escuadra de Chema. Acto seguido, Gorka Soria recoge un balón en las estribaciones de la frontal y lanza otro trallazo que termina con el balón saliendo junto a la base del poste, con el meta visitante ya superado. El público tiró del equipo «a por ellos oe..» y los jugadores aprecieron el aviso. Fran partió a Albácar y sirvió para Asier pero Pelegrín estuvo providencial enviando a córner in extremis. Los locales dan un paso atrás El paso de los minutos siempre provoca un efecto muchas veces pernicioso para el equipo que marcha con ventaja. Sin quererlo muchas veces, los jugadores pasan a un estado en el que se vuelven conservadores, pensando que lo conseguido será suficiente. Así pasó ayer. El Alicante no podía salvar la oposición de los blanquiazules y se refugió en los pelotazos buscando el juego aéreo como único argumento para tratar de empatar. Cuando nadie lo esperaba, una falta en el centro del campo les dio a los de Felipe la opción de colgar el balón al área donde Marcos cabeceó en una posición que no parecía peligrosa pero el cuero se coló junto al poste. Fue un jarro de agua fría en toda regla.

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