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Un error arbitral envía a casa a Túnez y da el billete para octavos a Ucrania Tres de tres España carece de otra defensa

A excepción del bético Juanito, la retaguardia de recambio de España no ofrece garantías

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Ignacio Tylko JAVIER IRURETA Iván Orio - berlín bilbao
León

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Espectáculo indigno para un marco incomparable. Ni el majestuoso Olímpico de Berlín, ni el lujoso escaparate del Mundial, se merecían un espectáculo tan deprimente como el ofrecido por ucranianos, tunecinos y un árbitro paraguayo que barrió a favor de los europeos. Por si quedaban dudas, unos y otros remarcaron que el de España era el grupo de la vida . El más sencillo del Mundial, sólo comparable con el formado por Portugal, México, Irán y Angola. Entre que los ucranianos no arriesgaron lo más mínimo, puesto que hasta el empate les bastaba y son felices en la retaguardia, y los tunecinos no podían, no quedó otra que el sopor en hora de sobremesa. Hasta Carlos Amarilla, un ingeniero electrónico que también se dedica a arbitrar, se sumó a los despropósitos y cercenó cualquier esperanza de los magrebíes. Los de Lemerre se quejan de forma legítima de que fue riguroso al expulsar a Jaziri al borde del descanso, se comió un penalti por mano de Voronin en una barrera y, para remate final, se dejó engañar por la caída a trompicones de Shevchenko en el penalti que disipó cualquier incertidumbre y permitió al Bota de Oro de 2004 marcar su segundo gol en su primer Mundial. Si alguien pensaba que por aquello de las urgencias, de tener que ganar para acceder por vez primera en su historia a octavos, Túnez saldría a por todas, erró de lleno y sólo ayudó al sopor general. ESPAÑA ha sido, junto a Alemania, Brasil y Portugal, el único equipo que ha logrado los nueve puntos de la primera fase. Además, tiene un golaverage de ocho goles a favor y uno en contra. Y ha sido la única que ha cambiado los once jugadores para el último partido. El duelo ante Arabia Saudí tuvo sólo el interés de los últimos minutos de la primera mitad, cuando España aceleró el ritmo y generó varias ocasiones del gol. Y logró, en una falta de estrategia que sacó Reyes y remató Juanito, el tanto de la victoria. El resto del partido tuvo poco ritmo y, por momentos, con el calor y la victoria, los que estuvieron en el campo que no habían participado antes acusaron su inactividad. En la segunda mitad España bajó la intensidad y permitió a Arabia soñar con la posibilidad de hacer gol, y llegó a poner en aprietos a Cañizares, que detuvo a los delanteros saudíes en varias acometidas. El partido sirvió para dar minutos a jugadores que no habían jugado y así tendrán más ritmo. Algunos, como Joaquín, Juanito y Antonio López han demostrado que están muy motivados. Dentro del sistema, destacaron hombres como Reyes y Joaquín en las bandas, pero deben acompañar más a Raúl, que estuvo solo en el centro del ataque. También se echaron en falta las llegadas de Cesc e Iniesta. El seleccionador creyó conveniente sustituir a Raúl y puede querer decir que en los próximos partidos el blanco podría entrar por Villa o Luis García en el inicio o alternar minutos. También buscó una victoria más amplia con Torres para que pudiese hacer el cuarto tanto de su cuenta particular. La defensa de recambio de España es un auténtico colador. A excepción de Juanito, que además de anotar el gol de la victoria estuvo enchufado todo el partido, Marchena, Salgado y Antonio López demostraron que no están a la altura de una competición tan exigente como un Mundial. Resulta preocupante comprobar que el banquillo defensivo de la selección no ofrece garantías en el caso de que Luis Aragonés se vea obligado a tirar de él por lesiones o amonestaciones de la línea comandada por Puyol (Sergio Ramos, Pernía, Pablo y Senna, éste en la posición de pivote). Es cierto que a veces los errores pueden llegar de la propia apatía por un choque intrascendente -y ante Arabia Saudí la hubo a raudales-, pero es que la muralla española se vino abajo cada vez que un rival rondaba el área con intención. La descoordinación y la falta de tensión fueron patentes, hasta el punto de que al final los delanteros saudíes se fueron cuando quisieron de sus marcadores. No obstante, los problemas de la zaga que saltó al estadio de Kaiserslautern comenzaron unos metros por delante. Albelda, el pivote encargado de la destrucción, estuvo muy desacertado. Pocas veces se movió bien en su espacio natural y, cuando lo hizo, actuó sin criterio y recurrió de forma excesiva al recurso del balonazo. Con una desconcentración alarmante, dejó desatendidos a sus compañeros de la defensa, que, como él, tampoco estaban para alardes. Sorprende que futbolistas con la experiencia de Salgado y Marchena cometan fallos tan infantiles, sobre todo cuando, en teoría, deberían estar más atentos que nunca para tratar de ganarse la titularidad. Sus intentos para adelantar la línea y dejar en fuera de juego a los atacantes tuvieron como grandes aliados a los árbitros asistentes, algunas de cuyas decisiones salvaron el desorden en la retaguardia, y a los propios árabes, carentes de picardía. A pesar de ello el combinado rival, probablemente el peor de este campeonato, tuvo dos oportunidades inmejorables de empatar en los minutos finales, cuando España ya no era un equipo. Hasta el propio Santiago Cañizares perdió la paciencia tras una acción de contragolpe de los contrincantes y exigió a viva voz a sus compañeros que pusieran algo más de su parte. Fue como clamar en el desierto porque, un minuto después, la banda derecha volvió a hacer aguas y permitió a los saudíes dar un pase de la muerte que no acabó en gol porque el delantero, completamente solo a la altura del punto de remate -el defensa más cercano estaba a dos metros de él-, la tiró a las nubes. Tienen que estar tranquilos Puyol y sus 'colaboradores' porque, a día de hoy, sus puestos parecen incuestionables. Pero sólo pueden estar sosegados a título individual. A nivel colectivo debería haber cierta inquietud. Algo no funciona bien en esta defensa de recambio. Quizás puede pesar el hecho de que sus integrantes ya han interiorizado que su lucha por entrar en el 'once' inicial estaba perdida de antemano. Será necesario despertar otra vez la motivación de estos futbolistas, porque es previsible que su concurso sea necesario en próximos compromisos si la selección sigue adelante. Luis Aragonés, a quien no gustó en absoluto la actitud del equipo durante buena parte del encuentro, tiene un duro trabajo por delante en este terreno. El entrenador tiene tres días antes de octavos para dejar claro a sus jugadores que todos ellos son importantes. Necesita que los recambios estén al cien por cien para que su salida al campo no suponga un problema, sino un refuerzo de garantías.

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