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La astucia de Lippi y el carácter competitivo

Publicado por
JAVIER IRURETA
León

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ITALIA enseñó ante Alemania todo su carácter competitivo. La selección transalpina mostró las razones que le han llevado a disputar su sexta final de la Copa del Mundo. Su juego ha sido criticado duramente durante el torneo y, además, el «Calcio» atraviesa grandes dificultades con la justicia italiana por el «Caso Moggi». Pero lo que es indudable es que el fútbol transalpino siempre acaba saliendo adelante. Italia comenzó el partido contrarrestando el empuje de Alemania. Con el objetivo de frenar la salida en tromba de los germanos, Lippi dió forma a un equipo en el que predominaban los jugadores fuertes en el centro del campo (Gattuso, CamoranesI y Perrotta), lo que a todos nos hizo pensar en el sempiterno «catenaccio», y en el que Pirlo y Totti aportaban el toque de calidad, dejando sólo en punta al bota de oro Luca Toni. Así, consiguió hacerse con la posesión del balón durante la primera parte, pero al ver que la posesión no se transformaba en goles, cedió terreno y reagrupó a sus jugadores para tratar de llegar a la prórroga. Sin embargo, su actitud cambió cuando, ya en el tiempo añadido, Lippi se percató de que los futbolistas de Klinsmann andaban muy justos de fuerzas. Entonces, mostró todas sus cartas: apostó por gente de velocidad y calidad, e introdujo en el campo a Gilardino, Iaquinta y el eterno Alessandro Del Piero (en este orden), para buscar la victoria antes de los penaltis. A primera vista, esta variación táctica puede parecer un simple cambio de planes. Sin embargo, dichas variaciones no fueron más que la consecuencia lógica del inteligente planteamiento del técnico italiano. Y es que, al ver que el gol se le resistía, Italia decidió replegarse para cansar a su rival y asestar el golpe definitivo. A veces se critica el fútbol italiano de manera injusta. Esta selección está formada por grandes jugadores y, aún estando en posición de repliegue, juega con laterales que suben constantemente, como se pudo ver ante Alemania con Zambrotta y Grosso. No es el clásico «catenaccio». Ni mucho menos. Es un equipo que, además de una condición física importante, se aplica con esmero en la recuperación del balón. Pero, no obstante, cuando tiene el esférico en su poder, da rienda suelta a su talento, y es mucho. Y así, poco a poco y sin hacer ruido, ya se ha plantado en la gran final de Berlín.

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