«Pau Gasol también juega»

La leyenda con letras amarillas impresa en las camisetas rojas con las que los jugadores españoles saltaron a la pista emocionaron al ala-pívot catalán antes de disputarse la final

Pau Gasol, eufórico, levanta el trofeo conquistado en Japón

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Amador Gómez - saitama
León

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«Pau también juega». La leyenda con letras amarillas impresa en las camisetas rojas con las que los jugadores españoles saltaron a la pista emocionaron a Gasol. «No sabía que iban a tener ese detalle, que ha sido maravilloso, uno más de lo que es un equipo, un colectivo, he estado a punto de ponerne a llorar antes del partido», desveló el ala-pívot español. Tiene 26 años, y mide 215 centímetros. En Japón fue elegido para integrar el quinteto ideal del mundial, acabó como el tercer mejor anotador, tanto absoluto (170 puntos en ocho partidos) como de media (21,3 puntos por encuentro). Y sus 75 rebotes (9,4 por partidos), sólo se han visto superados por los de la estrella alemana Dirk Nowitzki. Que Pau Gasol haya sido elegido jugador más valioso del Mundobasket'06 no es un premio, es un certificado. Ese hombretón casi llora al ver el gesto de sus compañeros. Y no pudo reprimir las lágrimas cuando vio que España alcanzaba su mayor diferencia en el último cuarto (38-66). «Es verdad que ahí no he podido reprimirme, aunque no quería que se me notase que lo celebraba demasiado, porque todavía quedaban cuatro minutos para el final, pero el partido ha sido espectacular, brillante, histórico», resumió el jugador catalán. «Por primera vez he jugado en el banquillo, aunque ha quedado demostrado que hoy no les hacía ninguna falta», reconoció Gasol, que llegó a la silla que le estaba destinada apoyado en muletas y con su camiseta de España sobre sus pantalones vaqueros. En la zona mixta, tras el encuentro, apareció sin muletas y atendió todo el tiempo que fue necesario a la prensa. La ocasión lo merecía. «La pierna derecha ya la tengo casi rota de tanto saltar», aseguró. En esos momentos le dolía más que el dedo meñique del pie izquierdo, del que deberá ser operado, posiblemente la próxima semana, y que le tendrá de baja, si no surgen contratiempos, «un mes y medio o dos meses». «Tengo el pie medio roto y estoy superfeliz. Ya no cabe una alegría mayor que esta. Ya tocaba. La última vez nos faltó la suerte que necesitábamos y en esta ocasión el trabajo ha sido maravilloso, para recordar toda la vida», destacó. También recordó los muchos momentos inolvidables que vivió durante toda la jornada. No sólo en el banquillo o en la fiesta de celebración en el vestuario con sus compañeros. «Lo más grande que me queda es que ha sido un día muy especial, desde el desayuno hasta ahora. No he besado a tantos hombres en mi vida», comentó entre carcajadas. Sensaciones Antes de comenzar la final, Juan Carlos Navarro, su amigo del alma, Felipe Reyes y Carlos Cabezas fueron los primeros que se le abrazaron. Le brillaron los ojos cuando anunciaron su nombre por megafonía y el público le rindió un merecido aplauso. Un aperitivo, porque el Saitama Super Arena se vino abajo cuando levantó el trofeo de campeón y jugador más valioso. En una nube, ni sabía qué premio alzaba en cada momento. Fueron demasiadas las sensaciones que se le agolparon en la mente. Pero no tuvo duda alguna de a quien dedicar la medalla, la segunda de campeón del mundo tras el título mundial conquistado por los niños de oro en 1999 junto a Navarro, Reyes, Cabezas y Berni Rodríguez: «Va dedicada a mi familia, siempre está arriba del todo, somos una familia muy unida». Imposible olvidar a los compañeros: «Estoy superorgulloso de ellos. ¡Cómo han jugado! No tengo elogios suficientes, esa defensa no la he visto nunca, parecía que nos fuera la vida, jugando sin complejos y sin miedo, es un triunfo maravilloso que debemos disfrutar todos».

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