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DOMINGO SHANKLY
León

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AL PASO que vamos habrá que ir pensando en jubilar las grandes banderas blanquiazules y las pancartas de ánimo al equipo. Habrá que copiar a los hinchas del Recre y tapizar el estadio con gigantescos lienzos demandando clemencia a los árbitros y a sus asistentes. Más que nada por el impacto mediático. Porque hay veces que uno duda ya incluso de que estos tipos sepan leer y escribir. Parece cómo si antes de los partidos vinieran con el acta escrita por algún guionista desquiciante debajo del brazo. Pero antes del dislate, y a pesar del gol del «petrolero» Risso, la Deportiva volvió a dar signos que invitan a la preocupación. El centro del campo se deshizo como un azucarillo en las combinaciones de un equipito como el Elche. Borreguero, en contra de lo que hacía pensar la aparición de Robles contra el Salamanca, no casa demasiado bien con él. Y de ello se dio cuenta Pichi Lucas. Aunque tampoco Nacho, a pesar de que el gol ilegal y la expulsión de Fran destartalaron el partido, se mostró demasiado solvente. Hay empates como el del Valladolid que llenan y engrandecen. Otros como el del domingo, desazonan y deberían conminar al cuerpo técnico a pensar en algunas variaciones. Tanto en lo táctico como en lo individual. Tal vez en barajar otras opciones de ataque que no sean en un 80% la segunda jugada con la prolongación de un Risso, eso sí, absolutamente irreprochable en su brega y en su puntería. Tal vez equilibrando la banda izquierda para evitar que el equipo se quede totalmente mutilado cuando Fran naufraga -que también tiene derecho- por la derecha. Acaso incorporando a Raponi como media punta o segundo delantero en beneficio de Asier Salcedo en banda una vez que Fuentes esté listo. La pasión por la calidad de Rubén Vega no debe implicar una fidelidad ciega a su titularidad. Y la entrega de Chupri no significa que alguien no le lea la cartilla por intentar jugar muchas veces a lo que no sabe, con resultados muy peligrosos. Y eso que en la línea estrictamente defensiva Bornes y Debris siguen exhibiéndose absolutamente imperiales. La Deportiva gira en la órbita del ataque de nervios en la que los más sensatos sabían que iba a moverse toda la temporada. Lo que hay que procurar es que los satélites arbitrales y alguna otra basurilla estelar no obstruya la visión de los pilotos de la nave blanquiazul para conducirla al agónico puerto de la permanencia.

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