LUCHA LEONESA Y ALGO MÁS
Atasco generalizado
A LA paupérrima puesta en escena de los corros, clavada de un año para otro, contribuye en gran medida la desuniformidad arbitral. Nos comentaba un aficionado que tan es verdad que los árbitros pitan -deciden- en gran medida «mirando a la grada», como que los colegiados (?) son el «pitote» de la grada en cuanto a su (mala) presencia, (des)uniformidad... Estampa, cuando menos, jocosa e imagen pobrísima para un deporte que debería pretender modernizarse; actualizar sus estructuras. El colmo de esta desuniformidad arbitral es ya que uno de ellos utilice como uniforme pantalón largo y el otro pantalón corto o bermudas o pirata; uno con bisera y el otro sin ella. En tal clave folklóricoaluchera, como se desprende, otro mtoivo más para que actuase un solo árbitro; con mucha más personalidad, criterio y psicología que lo que aportan conjuntamente las parejitas actuales. E incidiendo en la imagen -pobrísima-, apostura y compostura: mínimamente compuestos y apuestos. Apostura como la «pose» en la presentación conjunta de los luchadores: muy descuidada, o por lo menos muy poco cuidada. Como la «apostura de las mesucas» (mesa en despectivo) del jurado-presidencia de cualquier corro. Incluido el de Riaño/ para una vez al año, en que se puede constatar temporada tras temporada como los especdtadores se arraciman encima de «la mesuca»... y dentro de la línea limitadora del terreno o cancha de lucha. O sea que si deploramos que en este corro «modélico» casi suelten el aliento en el cogote de los luchadores, nada digamos de la presión -opresión- sobre presidencia y jurado. Este tipo de dejadeces y torpezas, así como lo dicho de la desuniformidad arbitral, e incluso el numerito de los pesados (de «pesadas tomaduras de pelo» las calificaría un lector), pues todo ello -y tantas otras torpezas- deben correponder al acervo del folklorismo de la lucha, los aluches, el luche, los aluches... en línea con las otras luchas folklóricoceltas. La lucha leonesa como tal es -o debe ser- otra cosa muy distinta en su aspecto escénico. Pero lo más descorazonador de todo es que estos atascos se perpetúan de un año para otro e indefinidamente. Ya es triste que en el numerito de pesados se repita la historia de los últimos tiempos, sin el menor atisbo de medidas. Imaginación, pero no exenta de sentido común: en los rectores de la luche leonesa el menos común de los sentidos y un raro don de la providencia. Medidas drásticas, aunque sólo fuera por respeto al espectador; pague o no pague. A lo peor acaban echando mano de estos «forzudos espantaficionados» para llevarles fuera de las fronteras luchísticas para captar aficionados de otras tierras. A deslumbrar con la báscula, que «la burra grande, ande o no ande, luche o no luche...». Ya en serio, lo de las salidas fuera de los territorios luchísticos, habría de cuidarse mucho más. No se puede dejarlo en el aire «a lo que salga» en cuanto a comparecencia de luchadores, puesta en escena, etc. Ni pensar en arropamientos extradeportivos para hacer aún más folklórica la cosa. Si la «Fiesta del Aluche» se asocia a lo de la pradera y la improvisación, manténganse al menos dentro de sus fronteras. Al tiempo que los pendones y similares son muy «exportables» y están muy bien en su contexto festivo, pero sin añadir más «folklore aluchero» a la sufrida lucha leonesa.