La selección no carburaba en el centro del campo y sufrió por ello

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Ramón Díez - ponferrada
Ponferrada

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El seleccionador nacional Iñaki Sáez dispuso sobre la alfombra de El Toralín un equipo atractivo, a pesar de las dos o tres ausencias obligadas de última hora. Aún sin Raúl García, Susaeta o el meta Adán, la selección que jugó ayer tiene recursos para hacer mejor fútbol del que destilaron los pupilos de Iñaki. Muy bien el meta que, pese a no tener mucho trabajo, solventó con acierto el que le dieron los polacos al inicio del segundo tiempo. Mejor todavía el lateral zurdo Monreal, cumpliendo los dos centrales, Piqué y Torrejón, así como el otro lateral, Miguel Torres. Los problemas estaban en la medular. Ahí Polonia ató de cerca a Granero, Jurado y Javi Martínez, dejando pocos resquicios para Capel y Sisi en las bandas. A Bojan le pasó igual y tenía que disputar a tope cada balón en condiciones poco idóneas para hacer daño. De ese atasco se provocó la escasa vistosidad de un partido que el público berciano trataba de levantar con sus gritos y su oleaje, del que ya existe experiencia por estos lares. Iñaki trató de poner remedio a la situación. Jurado, uno de los jugones de España, se marchó pronto por un bocadillo que le dejó contusionado. Mata fue el recambio. Después Juande y Alfaro tomaron el relevo de Granero y Sisi, pero el equipo no lo notó para bien. Polonia amenazaba, tenuemente eso sí, con aguar la fiesta. La de ayer fue una victoria sin brillo que pudo ser más pírrica todavía, con autogol de Glik (ojo clínico el del Real Madrid C en el que juega este chico). Sólo otro «amigo» de los nuestros, el meta BielKowski, hizo que el público se fuera feliz y España, líder.

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