Fútbol | Segunda División B
La afición blanquiazul sí leyó el partido, pitando y animando a su tiempo

Música y transistores... a falta de buen fútbol
La mejor afición es la que participa en el partido y lo hace además ejerciendo una influencia en los jugadores que al final es lo que se persigue. Los habituales en las gradas de El Toralín saben bien cuál es su papel. Normalmente lo suyo es cantar, animar y pasarlo bien porque su equipo, la Ponferradina, les tiene mal acostumbrados de un tiempo a esta parte. Pero no siempre es así. La gente va al campo en espera de asistir a una fiesta como de costumbre, pero ya es la segunda vez esta temporada que contemplan una derrota de su equipo, algo que desde luego no es muy normal. Viendo lo que estaba ocurriendo, los devotos blanquiazules entendieron necesario abroncar a los suyos porque saltaron al campo con una «torrija» de espanto. Y eso se tradujo en un 0-2 casi a las primeras de cambio. Los jugadores locales tuvieron que espabilar a la fuerza y además entendieron que la única opción de reconciliarse con esa grada que tanto les venera sólo podía llegar a través de un esfuerzo sin cuartel que el público sabría agradecer, sin duda. Y así fue como todos a una, equipo y afición, se unieron en la segunda parte para avasallar a los alcarreños. La gente se merecía algo más de emoción y la tuvo después del golazo de Ernesto, que además es querido por la grada. Así se pudo disfrutar más de un encuentro que empezó de la peor manera posible. También acabó mal porque no llegó el empate, pero la afición blanquiazul supo interpretar el gran esfuerzo de los suyos y por los despidió con una ovación, premiando el trabajo realizado. Y es que para ser un equipo grande, también es necesario tener una gran afición. La Deportiva cuenta con ella.