Fútbol | Primera División
Bojan, única luz del Barça
La última perla de La Masía rescata a un equipo azulgrana de la mediocridad que se impuso, sin demasiado entusiasmo, a un voluntarioso Real Valladolid con más efectividad que juego
Bojan Krkic (d) conduce el balón ante la mirada del centrocampista Diego
Un Barcelona pobre logró una victoria cómoda para vencer a un voluntarioso Real Valladolid, que tuvo contra las cuerdas a los culès durante la primera parte. Sólo Bojan Krkic, con dos goles, iluminó la tarde en la Ciudad Condal y fue despedido con un agran ovación. Porque hasta entonces, la grada no perdonó la eliminación en la Copa del Rey por el Valencia y la ausencia de Ronaldinho y pitó el juego de sus futbolistas, que no difirió en exceso al mostrado en Mestalla. Los pupilos de Rijkaard siguieron en la misma tónica. Pueden estar horas y horas tocando la pelota en rondos, que nadie les iba a molestar, pero no tienen ninguna mordiente. El Barça ha perdido toda la velocidad que tenía en las temporadas anteriores, cuando en tres o cuatro pases se presentaba en el área contraria. Ahora, casi todos los jugadores parecen fundidos. Sólo Bojan Krkic parece interesado en continuar la caza del Real Madrid. La última perla de La Masía se movía por todas partes. Bojan se ofrecía para hacer paredes con los compañeros, jugar al hueco. En definitiva, lo que los culés estuvieron haciendo los cursos anteriores. Sólo con esta voluntad, el joven delantero tuvo dos claras ocasiones de gol que desbarató Baraja en la línea y paró Sergio Asenjo. Pero Bojan es persistente y no cejó en su empeño. Cuando la pelota volvió a sus pies, se la pasó a Eto'o para que hiciera el primer gol de la tarde y su undécimo tanto liguero. Rápida contestación El tanto del camerunés envalentonó al Real Valladolid. Los pucelanos vieron que el Barça se dormía, que no buscaba la portería del joven Asenjo, y se fueron al ataque. Dominaron el balón y comenzaron a tocar como los culés , buscando la velocidad de Llorente y Sesma. El gol prometía una tarde plácida, pero una discutida decisión arbitral cambió el panorama del partido. Paradas Romero señaló penalti de Thuram a Llorente y Sesma empató desde los once metros. El contador se volvía a poner a cero. Tan frágil y delicado como es, el Barcelona se echó a temblar. No encontró respuestas tácticas ni cimientos morales y se venció de mala manera durante un cuarto de hora. A partir del gol del empate, el Valladolid se dedicó a gobernar el partido con una autoridad insultante. Pero el Barcelona tuvo suerte. Supo atajar a tiempo la contestación del equipo de Mendilibar. Cuando transcurrían un par de minutos, Andrés Iniesta recogió un pase y marcó. El gol ofuscó a los castellanos, que acusaron el golpe y no supieron contestar de la misma manera que el primero. Bojan aprovechó es estado de depresión para marcar el tercero y dar por finiquitado el encuentro. Pero el Valladolid estaba pesado. Cuando más difícil tenía el resultado, decidió desmelenarse e intentar la épica. Dos palos de Manchev y Sesma provocaron cierta preocupación en el Camp Nou, que se volvió a relajar con el cuarto tanto y el segundo del joven Krkic. La jugada retrató la ambición del joven delantero, único símbolo reconocible en un Barcelona apático y tibio, demasiado frágil en los momentos más crudos del partido y limitado a cumplir con su obligación sin demasiado entusiasmo.