| Perfil | Rafa Nadal |

Un mito que se pierde por la play, el fútbol y Féderer

Publicado por
agencias | madrid
León

Creado:

Actualizado:

El nuevo rey tiene 22 años y nació en Manacor, una localidad carente de atractivos, insólita para el surgimiento de una estrella del deporte. Ubicada en el centro de la isla de Mallorca, lo mejor de Manacor está en las cercanas playas de Porto Cristo, en las que cuando puede Nadal se relaja pescando. Allí vive el nuevo número uno, en una casa de tres pisos que concentra a buena parte de su familia. El clan Nadal es sólido, unido y tiene como figuras clave a Sebastiá, el padre del jugador, Toni, su entrenador, y Miguel Ángel, ex internacional con la selección española de fútbol, el deporte que verdaderamente enloquece al tenista. Su éxito desde que explotó como jugador en el 2005 no le salió gratis. Sus músculos, que resaltan más aún con la estrecha camiseta sin mangas que Nike le impuso como imagen, fueron centro de periódicas acusaciones veladas de doping. Sin ir más lejos, esta semana la revista alemana Focus le dedicó su foto de portada junto a un equívoco título: «La historia de la testosterona». El detalle es que Nadal no aparece mencionado una sola vez en el texto, que va en realidad de un análisis científico de la influencia de la testosterona en la personalidad masculina. La imagen del biceps marcado de Nadal era sólo un buen truco para vender más revistas. «Me preguntas por qué no me dopo...», dijo durante una entrevista realizada hace dos años. «Simplemente uno no se dopa porque uno ama al deporte. Yo prefiero mucho más perder que ganar haciendo trampas. Mucho más», enfatizó con gesto serio. Un gesto en consonancia con la evolución de Nadal como persona. Poco que ver hoy con aquel que en marzo del 2005 se paseaba tímido y con una camisa demasiado amplia por la discoteca de Acapulco en la que se celebraba su tercer título como profesional. Aquel Nadal ya había sido clave para que España ganara en diciembre de 2004 su segunda Copa Davis, pero seguía siendo un niño. Hoy ya no. El nuevo número uno del tenis es un hombre, aunque la playstation lo pierda. Junto a Federer se plantó decidido -a veces excesivo- contra la ATP y sus planes de reformular el circuito, y terminó forzando la renuncia a la reelección del polémico Pedro Muñoz, presidente de la Federación Española de Tenis (RFET). Invariablemente educado, sigue divirtiendo a los periodistas anglosajones con su inglés mechado de nadalismos como «my carrera», cultiva una admiración sin límites por Federer -junto al que sueña con jugar en dobles- y tiene una novia, Xisca, de la que en su momento tomó muy en cuenta un detalle: su perfil de estrella no le movía un pelo. Xisca seguía tratándolo como un compañero de escuela. La conquista le costó a Nadal más trabajo que unos cuantos torneos. Con sus cuatro Roland Garros consecutivos Nadal entró en la historia grande del tenis. Con el inolvidable título que ganó el mes pasado en Wimbledon se acercó a Manolo Santana, hasta este año el mejor tenista español de todos los tiempos. Y con el número uno en su mano Santana no tendrá inconveniente en reconocer que Nadal es el mejor. Diestro de nacimiento, Nadal terminó siendo zurdo para el tenis, en el que se vale de un drive con tremendo top spin y un revés a dos manos cruzado que es letal. Su físico privilegiado le permite aguantar siempre algo más que sus rivales, aunque la clave de Nadal pasa por su cabeza, poderosa como pocas. Allí está el secreto del nuevo rey del tenis, al que Pekín espera como gran candidato al oro olímpico.

Cargando contenidos...