Juegos Olímpicos | Pekín 2008 RETROSPECTIVAS OLÍMPICAS (3) | JULIO BRAVO DUCAL, leonés y autor de «La Historia de los Juegos Olímpicos. Atenas 1896-Atenas 2004»

A mayor gloria de los Juegos El abuelo se despide

Hiroshi Hoketsu monta a su yegua «Whisper»

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afp | pekín
León

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1 Ping-Pong o la guía telefónica china Cuando se miran los resultados del tenis de mesa masculino y femenino e los Juegos se tiene la impresión de leer una guía telefónica china. Prácticamente todos los nombres, sean de equipos de Estados Unidos, Dinamarca, Holanda o Singapur, tienen consonancias chinas. Sin duda el jugador de ping-pong es un producto que se exporta sin problemas. 2 El Ejército alemán es olímpico La Bundeswehr, el ejército alemán, es el mayor proveedor de atletas de la delegación de Alemania, con 127 representantes, 56 mujeres y 71 hombres, de los 435 que participan en los Juegos Olímpicos de Pekín. Ningún otro país tiene tantos militares en esta misión pacífica. LA FÓRMULA DE LA RESTAURACIÓN. Después de todo, el mundo del deporte terminó reconociendo que fue una suerte que Coubertin se hubiera «perpetuado» en la presidencia del C.O.I. hasta 1924. Durante todo ese tiempo el fundador fue sacando adelante, una tras otra, sus ideas sobre los fastos ceremoniales propios de unos Juegos Olímpicos. La primera de ellas, e] ritual del acto de apertura por la máxima autoridad del país anfitrión. En Atenas, el rey Jorge, en uniforme de almirante, pronuncia por vez primera la fórmula que sellará la restauración: «Declaro inaugurados los Juegos de la primera Olimpiada de la era moderna», acompañada de la reina Olga y de sus hijos, los príncipes Constantino y Jorge. París 1900 y Saint Luois 1904, como es sabido, carecieron del más mínimo protocolo. En Londres, Enrique VII tuvo a su lado, el día de apertura, a la reina Alejandra y a sus descendientes. En Estocolmo, Gustavo V estuvo acompañado de su esposa y del príncipe heredero, a la sazón presidente del comité organizador. En Amberes, el acto protocolario corrió cargo del rey Alberto I, en compañía de la reina Elizabet y de sus hijos, Leopoldo, duque de Brabante, Carlos y María José. En París 1924, Gastón Doumergue, recientemente nombrado mandatario le la nación, no quiso ser menos e invitó para que le acompañaran m el palco de honor a personajes de la realeza como el príncipe le Gales, los príncipes Henry de Inglaterra y Carol de Rumania, el joven sha de Persia, el príncipe reinante de Etiopía y la princesa le Servia. Las cosas sucedieron de manera distinta en Ámsterdam 1928. La soberana, de profundas convicciones religiosas, se dejó influenciar por las autoridades eclesiásticas, que consideraban que los Juegos no tenían otro objetivo que la exaltación del cuerpo», en detrimento de la salud del alma, debían pensar, y se ausentó de la corte para no tener que inaugurarlos, delegando en el príncipe consorte Hendrich de Mecklenburg. Luego cambió de idea y presidió los actos de clausura, entregando personalmente la medalla de oro a los campeones olímpicos del Gran Premio de las Naciones de hípica, los españoles marques de los Trujillos, conde de Casa Loja y capitán de caballería Julio Morenés. Los Juegos Olímpicos se quedaron sin su abuelo, el japonés Hiroshi Hoketsu, que a sus 67 años era el deportista más longevo de todos los participantes y un ejemplo de superación y afán competitivo. A lomos de Whisper , una yegua castaña de once años, el jinete de Tokio compitió ayer en la prueba individual de doma clásica, en la que quedó en el puesto 35, y lo hizo en la modalidad por equipos, donde Japón quedó en el puesto décimo. Las medallas no depararon sorpresas. Oro para Alemania, plata Holanda y bronce para Dinamarca. A pesar de la desilusión por el décimo puesto, nadie duda de que este antiguo directivo de la multinacional Johnson and Johnson, jubilado desde 2002, ya está pensando en los Juegos de Londres. Y lo cierto es que tiene sus razones ya que, con 62,542 puntos, fue el mejor del trío nipón.

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