Fútbol | Primera División

El Madrid juega con fuego y acaba quemado

Los blancos igualaron el 1-3 del Sevilla y cuando lo tenían todo a su favor encajaron la puntilla

Los jugadores del Sevilla celebran el segundo tanto ante el Madrid en un partido muy intenso y eléct

Publicado por
Amador Gómez
León

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El Real Madrid volvió a jugar a cara o cruz y murió en la orilla cuando acariciaba una gesta frente al Sevilla, que hurgó en la crisis al propinar al equipo de Schuster otra dolorosa derrota que deja a los blancos fuera de la Liga de Campeones y con el título cada vez más lejano. En un partido vibrante que pudo ganar cualquiera, en el que el Madrid tuvo a la suerte y al árbitro -esta vez sí-, en su contra, los blancos sacaron a relucir la casta cuando el Bernabéu era un polvorín y el presidente estaba amenazado por una bronca de escándalo. Tras los gritos de «Calderón, dimisión» del descanso, el Madrid, con un cambio radical respecto a su actitud de la primera parte, recurrió a la épica, y estuvo a punto del triunfo, que evitó el colegiado al no señalar un claro penalti de Palop a Higuaín y dejar al Madrid con 10 al expulsar a Robben por protestar. Volvió Robben y fue la única amenaza en la primera mitad, insuficiente para un equipo que está tieso de fútbol y sólo tiene corazón. Raúl ya intentó contagiar a sus compañeros antes del descanso, pero de nada sirvió, porque el empate sólo le duró tres minutos al Madrid. Aunque los blancos salieron rabiosos, carecieron del balón y a evidenciar falta de ideas, recurriendo a los balones largos hacia un Robben que era el único que tenía desborde.

Higuaín estaba desaparecido, Guti sólo apareció antes del descanso para dar a balón parado el gol a Raúl. El Madrid tuvo que agradecer que el Sevilla no forzó porque los andaluces podrían haber hecho aún un destrozo mayor en el primer tiempo. A la media hora ya se escucharon los pitos en el Bernabéu, y la primera pañolada surgió con el 1-3, cuando la efectividad del Sevilla había ridiculizado a un Madrid sin un modelo de juego, sin remate, y también con el árbitro en contra en decisiones claves, como la del segundo gol, preso de la impotencia. El equipo estaba tan tocado en el descanso como su presidente y Schuster, pero el técnico alemán reaccionó modificando el sistema y el Madrid resurgió en una segunda parte intensa y plena de emociones. El equipo de Manolo Jiménez, que no sentenció cuando debía, comenzó a asustarse ante el empuje madridista, y mucho más tras el golazo de Higuaín, que dio alas a un equipo que ya estaba cómodo en el campo, movía el balón con verticalidad e intención, y le echaba la casta necesaria para intentar la hazaña. Casi sin tiempo y en el momento de máxima efervescencia blanca, Gago puso por segunda vez el empate. Aún así el Sevilla, cerca del final, fulminó en otra llegada en la que volvió a fallar Marcelo.

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