consecuencias de la plaga de topillos

La perdiz de Campos, en riesgo de extinción a causa del veneno

Tras casi exterminar a la liebre ha afectado muy seriamente a las «patirrojas» hembras

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Pedro Vizcay
León

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Las sospechas de que el veneno utilizado contra la plaga de topillos, que afectó seriamente a la liebre ibérica hasta colocarla al borde de la extinción, también se extiende a las poblaciones de perdiz roja en los páramos y campiñas de la Tierra de Campos a las que ha dañado seriamente. Esta comarca, que se extiende por las provincias de León, Valladolid, Palencia y Zamora ha visto seriamente afectadas sus poblaciones cinegéticas hasta el punto de que en la gran mayoría de acotados se cerró la caza de la liebre tras las primeras jornadas y se adelantó el cierre de la perdiz tras los flojos resultados y para preservar las parejas necesarias de cara a la recuperación de la especie. Y es precisamente en este punto, en el de las parejas, donde los datos son más preocupantes, ya que apenas quedan hembras y el predominio de los machos es aplastante.

La constatación de que la mayoría de «patirrojas» abatidas eran machos y además animales viejos se ha producido en todos los acotados. Sin embargo la sistematización de dichos resultados no se había realizado hasta la fecha y es ahora cuando comienzan a llegar los datos rigurosos. En un acotado de unas cuatro mil quinientas hectáreas, situado al sur de Valderas, y que se destina preferentemente a la caza mediante la modalidad de cetrería, se han dado los siguientes resultados: Sobre una población estimada de 350 perdices, agrupadas en unos 32 bandos, se han cazado 143 de las que solamente 3 eran animales jóvenes. En cuanto al sexo tan solo se han cazado 6 hembras, frente a 137 machos. Pero los datos pueden ser todavía mas preocupantes: analizadas las seis hembras dos eran estériles y con restos de clorofacinona, el veneno utilizado contra la plaga de topillos de forma masiva e indiscriminada.

Las hembras más afectadas

Los expertos consultados encuentran razones por las que las hembras han resultado mucho más afectadas que los machos de perdiz roja. La época en la que se envenenó el campo, finales del invierno y comienzo de la primavera, coincide con la ovulación. De abril a mayo la hembra realiza una puesta de nueve a 18 huevos con un intervalo de 36 horas. Estos huevos los deposita en uno o varios nidos superficiales que previamente ha preparado el macho. En ocasiones, si la puesta la ha realizado en dos nidos, el macho también colabora en una incubación que dura 23 días y medio. Para la generación de tantos y tan voluminosos huevos la hembra necesita muchas proteínas que consigue con una alimentación frenética. El grano envenenado en la mayoría de ocasiones acaba con su vida, pero en otras la hace enfermar, enfermedad que puede llegar a dejarla estéril.

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El acotado a que nos referimos vedó la liebre tras las primeras jornadas en las que tan solo se vieron tres ejemplares. En el mencionado acotado la liebre está administrada por una sociedad de galgueros que en una temporada normal matan varios centenares. No se cerró la perdiz ya que, aunque se veía claramente que apenas había criado, el pasado año, que fue muy bueno, habían quedado suficientes «patirrojas». Ahora las estadísticas desconciertan a unos aficionados absolutamente responsables con el medio ambiente y la conservación de la fauna silvestre.