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¡Hay que mojarse! (2)

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SEGUIMOS en clave de mojadura (luchística) y enlazando con los retos reglamentarios pendientes de la semana pasada. Mojamiento casi monográfico en torno al agarre y a las alternativas al cinto.

Monográficamente por la gran trascendencia que concedemos a ambas cuestiones. Vamos con «el agarre». Con lo sencillo que habría de resultar solucionar reglamentariamente el magnificado problema del «apriete del cinto» y que de rechazo aliviaría también la penosa escenita del agarre. Simplemente que el juez-árbitro se los coloque a «vientre hinchado»; hinchado a voluntad de cada cual. Sin más.

Con el efecto beneficioso añadido de que así el cinto, al volver el vientre a la normalidad tras «el deshinchamiento», quedaría mucho menos apretado que en la actualidad y consecuentemente más movilidad, menos opresión-¦ Todo lo cual favorece al espectáculo y limita agotamientos y riesgo de lesiones. Y encima ya no resulta tan decisiva la ventaja del agarre, el «asobeamiento».

Menuda puerilidad lo de salir con el cinto puesto, para después tardar siglos con los «ojales de cinchamiento» del contrario y ya no digamos con el agarre en sí. Todo un numerito perfectamente evitable pero que mucho nos tememos que se mantenga este verano. Al igual que la desorbitada duración de los corros, la falta de medidas para la «superpesadez de los superpesados» etc etc. Por cierto, aligeramiento de la duración de los corros por otras vías más imaginativas que «aligeramiento de las eliminatorias previas»-¦ en favor de quienes menos lo precisan y quienes más desean ver los espectadores.

Deslicémonos partiendo de lo anterior. Alternativas al cinto. Como mucho nos tememos que éstas no se van a abordar por el momento(?), que al menos se hagan estudios, análisis, pruebas-¦ para mejorar lo presente. Sobre el cinto actual y sus consecuentes «agarres y sueltas». Pero para ser estudiado sin partir de posicionamientos establecidos a priori, que los apriorismos en la lucha llevan siempre a lo mismo: mantenella y no enmendalla. O sea, a no profundizar en el estudio y dejarlo todo como está.

Si es que asustase el cambio brusco en cuanto a alternativas rompedoras y demás, al menos ir evolucionando partiendo de lo que nos estamos sirviendo actualmente.

Simple ensanchamiento y suavizamiento: cinto más ancho y más suave (más flexible). Consecuentemente, y en primer lugar, se lograría atenuar los efectos «depredadores» -para las costillas del luchador y para el espectáculo de la Lucha- del actual cinto opresor y presuntamente lesionador.

Recuerden, no se trata de suprimir sino de buscar sustitutivos válidos, admisibles y mejorables sobre lo actual. En otras palabras, y aún a riesgo de reiterativos, alternativas al cinto. Alternativas, no exclusión de esa especie de emblema de la lucha leonesa que representa un cinto a la cintura de cada contendiente.

Pero un cinto no quiere decir un «verdugo de la lucha leonesa», en atinado apunte del ex luchador de Reyero y catedrático de la Universidad de León Ángel Alonso Álvarez.

En suma, y de momento, de un material más flexible y por lo mismo menos dañino en todos los órdenes. Cuando además hay precedentes. Recuérdese los testimonios que recogíamos en nuestras «variantes históricas al cinto» de hace algún tiempo. Reiteramos, efecto añadido inmediato de reducir el ventajismo competitivo que para el luchador de más cintura representa «el agarre»; que a su vez conllevaría que el conflictivo y polémico numerito de agarrarse, dejase de ser tan antipático de cara al espectador. Un cinto de estas características -más ancho y más suave, insistimos- no se prestaría tanto al citado «asobeamiento» (en cazurro «asobear el carro al yugo con el sobeo»).

Aparcado por ahora el Reglamento, tan desfasado y dejado de la mano de Dios, se impone mojarse desde cualquier frente. Verbigracia con algo tan simple, pero que no se ejercita, como es interpelando. «Oiga, qué es, que si pregunto molesto? Para cuándo las Elecciones confirmadoras de la elección del unicandidato sin programa, y si cabe aún más inmerso en la mentalidad del aluche de la boina que lo padecido últimamente y que nos va a llevar de luchamala a luchapeor, según opinión de quienes disponen de elementos de referencia comparativos.

A este paso, y ya por bien que se resuelva(?) todo (o sea «que se despache el trámite»), con este monumental retraso ya va a haber disculpas para que todo siga igual en los corros de verano.

Sin medidas en cuanto a la duración de los corros, para la pesadez tediosa de los Pesados (en general y salvo excepciones), para las competiciones Juveniles y de Lucha de Base en serio, para un Colegio Arbitral en serio etc etc. Y no habrá de ser por falta de tiempo, sino por falta de nivel ejecutivo.

Hay que mojarse, pues, y que no se resienta «la mojadura» por esa falta de nivel interpelante. Exigiendo pero también ofreciendo: ideas, sugerencias, alternativas-¦ No basta con declararse «hectorista», que está muy bien; lo comprometido, y sobremanera desde emplazamientos de influencia sobre la opinión pública, sería ejercer de «luchaleonesista»: con todo lo que implica de compromiso con la lucha leonesa.

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